65 SEMINCI (III) | Emociones y decepciones con ‘Here We Are’ y ‘The Disciple’

El drama israelí 'Here We Are' y la premiada en Venecia 'The Disciple' protagonizan las proyecciones de la tercera jornada del festival

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Tercera jornada de la 65 edición de la SEMINCI, un día que un servidor ha decido tomárselo con más calma y reducir el número de películas vistas a dos los pases de prensa matinales. ‘Here We Are’ y ‘The Disciple’ han sido los títulos que han protagonizado estas sesiones, siendo cintas bastante relevantes a nivel de temática pero no tanto a nivel de singularidad o ejecución.

‘Here We Are’, drama israelí sobre la relación de un padre con su hijo autista, abría las proyecciones del día con su pase a las 8:30 de la mañana. De nuevo, el ver la película a estas horas resulta algo costoso, sin embargo, dispone de la suficiente calidad como para que su visionado fuera de lo más satisfactorio.

Lo bien que define la relación padre-hijo, explora los límites del afecto hacia los seres queridos y desarrolla la situación y entorno de cada personaje, convierte a esta producción dirigida por Nir Bergman y protagonizada por unos excelentes Shai Avivi y Noam Imber (quien resulta peculiarmente idéntico al presidente del PP Pablo Casado) en otro de los títulos más reseñables del festival. Peca un poco de caer en lugares comunes, pero no le afecta en lo más mínimo. Además, solo dura 94 minutos, lo que se agradece mucho a las horas a las que tenía lugar la proyección.

No puedo decir lo mismo de ‘The Disciple’, la película en la que el director Chaitanya Tamhane rinde homenaje a la música clásica india bajo la producción del oscarizado director Alfonso Cuarón. Llegaba arropada por el Premio al Mejor Guion y el FIPRESCI en el Festival de Venecia, pero la sensación que me dejó durante el visionado no fueron nada satisfactorias.

La película es lenta. Muy lenta. Y su homenaje a la tradición, disección de la sociedad india y exploración de la relación entre alumno-maestro, se queda muy perdido entre escenas innecesariamente alargadas hasta el exceso. Hay elementos muy interesantes en su propuesta, pero las intenciones que persigue parecen buscar una finalidad documental que tal vez hubiera sido mejor explorar bajo este género. Es posible que con un poco de paciencia e interés por la temática sea posible conectar y disfrutar de esta ‘The Disciple’, pero no hay sido mi caso. Y sus 127 minutos de metraje han sido, por el momento, la experiencia más tortuosa del festival.

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