Alicia me llevó al país de las maravillas

El relato de cómo la película de Tim Burton marcó toda una década de mi vida

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Se podría decir que este texto va sobre una película, pero creo que sería incorrecto limitarlo solo a eso. Digamos que este texto trata sobre mi vida, sobre cómo una película, y el cine en general, me ayudó a encontrarme a mí mismo, a huir de un ambiente tóxico y a conocer a gente especial sin la cual todo mi entorno actual sería muy diferente. Aunque, en verdad, todas estas líneas vienen más por una necesidad de plasmar y liberarme de sentimientos, reflexiones y problemas que he venido acumulando a lo largo de los años.

Normalmente suele costarme encontrar el punto de partida de un artículo, pero creo que aquí lo ideal sería empezar resumiendo mi vida hasta llegar al punto que me interesa tratar. Así que empezaré por el principio y me remontaré ligeramente a como es la vida para un chico gay en un pueblo de Valladolid con mentalidad bastante cerrada.

Ser una persona LGTBI+ en un pueblo de provincia no es lo que se dice fácil. Que desde pequeño te impongan que por ser chico te tienen que gustar las chicas, que te hagan pensar que cualquier otra opción es algo anormal y ridículo o que todo lo diferente sea mirado con lupa y criticado hasta el extremo, hace que al final termines por adoptar una línea de pensamiento que va en contra de tu persona.

Y es que para integrarte dentro de una sociedad así no te queda más remedio que adaptarte al entorno, conllevando a que haya pasado gran parte de mi vida fingiendo que me gustan cosas que detesto, realizando acciones bastante aborrecibles o, en definitiva, fingiendo ser alguien que no soy, todo ello para intentar sentirme integrado, conseguir amigos y socializar.

Pero vaya, que pese a todo, en ningún momento dejé de ser un tipo rarito al que le llovían insultos por todos lados, porque claro, cómo no iba a llamar la atención un chico que de pequeño iba por el pueblo con un radiocasete de la mano escuchando a las Azúcar Moreno a todo volumen, que era fan loco de ‘Operación Triunfo‘, que en los recreos prefería quedarse hablando de ‘Pokémon’, ‘Caballeros del zodiaco‘ o ‘Digimon‘ antes que irse a jugar al fútbol o que prefería ir al cine antes que irse de botellón o pasarse la tarde fumando a escondidas.

Y así, de forma bastante resumida, fue mi vida hasta 2010, siendo este el año donde realmente empieza lo que quiero tratar aquí.

Cabe resaltar ahora que yo era y soy un apasionado del cine, habitual de asistir a salas comerciales con una frecuencia de dos o tres días a la semana. Además, digamos que soy un fan acerrimo de Tim Burton, algo que, a finales de 2009, me llevó a publicar en redes sociales lo emocionado que estaba ante el estreno de ‘Alicia en el país de las maravillas‘ en 2010.

En verdad, cuando hablo de redes sociales hablo de una muy concreta, que por aquellos años no podría ser otra que Tuenti. En esta plataforma donde todos colgábamos nuestras fotos sacando nuestro lado más choni y hortera comencé a publicar fotos de la película de Burton, concretamente, imágenes en las que iba haciendo la cuenta regresiva hasta la fecha de estreno.

Dio la casualidad de que tenía agregado como amigo a una cuenta llamada “Tim Burton”, un perfil que se dedicaba a subir fotos de varios de los films del director y que en determinado momento le dio por etiquetarse en las fotos que yo publicaba de ‘Alicia en el país de las maravillas’.

A partir de aquí, un montón de personas me empezaron a agregar a Tuenti porque querían etiquetarse en la cuenta regresiva, derivando a que comenzara a conocer a muchos fans de Burton, a comentar con ellos nuestro hype por ‘Alicia’, a hablar sobre las pelis del director o a empezar a conocernos mutuamente. Y así, como de la noche a la mañana, conocí a una serie de personas con gustos comunes, con las que poder hablar de mis aficiones e inquietudes sin miedo a represalias y con las que me atrevía a ser yo mismo.

Anteriormente había vivido una experiencia similar con juegos de Nintendo DS como ‘Animal Crossing‘ o ‘Pokémon Diamante‘, títulos que gracias a su modo online y al sistema de códigos de amigo de la consola me hicieron entrar en foros, conocer gente y compartir experiencias. No obstante, en este caso el trato no se produjo de forma tan constante ni dio juego a hablar de cuestiones más personales como si ocurrió en Tuenti con el film de Burton. Y es que el subir, al menos, una foto diaria para hablar de la película daba para una ingente cantidad de temas de conversación y para una interacción continua a prácticamente todas horas.

Todos los días, cuando llegaba a casa de clase encendía el ordenador, editaba una foto, insertaba el texto de “Faltan X días para el estreno” y la publicaba en Tuenti. Ahí, empezaba a etiquetar a todos aquellos que me pidieron estar en las fotos y comenzábamos a charlar en los comentarios. Hablábamos de lo poco que quedaba para la peli, odiábamos a ‘Avatar‘ por ser causante del retraso del estreno a Abril en España, compartíamos tráilers, avances, nuevo material promocional, opinábamos sobre otras películas, sobre los estrenos semanales, próximos debuts,…

Al final, esa pequeña comunidad acabó siendo como el grupo de amigos que durante toda mi vida había deseado tener. Y claro, más allá de en las fotos, también hablaba con casi todos ellos de forma más personal mediante el chat de Tuenti o por mensajes privados, tejiendo una gran relación de amistad con muchas de aquellas personas que derivó a que yo comenzara a expresar muchos de mis problemas, preocupaciones e inquietudes.

Sin embargo, por 2010 aun no me atrevía a salir del armario con nadie. Aunque en verdad, creo que por aquel entonces todavía no tenía del todo claro que fuera gay y que fue por aquella época cuando empecé a percatarme con total certeza de que me atraían los chicos. De hecho, yo todavía tenía una mentalidad muy cerrada que me hacía verme como un bicho raro que iba a ser repudiado si la gente sabía de mi orientación sexual. Aunque si que debo recalcar que mantener conversaciones con esta comunidad de personas me hizo comenzar a ver la vida con otra perspectiva y adquirir una nueva forma de pensar.

No recuerdo exactamente a cuanta gente conocí, pero sí que me acuerdo de que en las publicaciones de la cuenta atrás de ‘Alicia en el país de las maravillas’ acabé por etiquetar como a unas 100 personas una vez que se acercaba el estreno. Tuenti limitaba el número de etiquetas en las fotos a 30 o 40, por lo que me veía obligado a subir dos o tres fotos iguales para etiquetar a todo el mundo. Aunque, al final, solo se solía comentar en una de las fotos.

Y llegó el día del estreno. Después de haber estado meses esperando la película, viendo infinidad de avances y lidiando con un retraso de más de un mes, tocaba ir al cine a ver que es lo que había hecho Tim Burton adaptando la obra de Lewis Carroll. Para la ocasión, intenté que el pequeño grupo de amigos que tenía en mi pueblo y en Valladolid se viniera conmigo al cine, plan que en un principio daba por hecho que se iría al traste ante la dificultad que siempre me había supuesto intentar organizar algo similar. Pero oye, que dio la casualidad que todo salió maravillosamente bien y el plan salió adelante. Así que, aquel día, llegué a casa, subí la foto a Tuenti con el texto “Hoy se estrena ‘Alicia en el país de las maravillas’ de Tim Burton”, etiqueté a la gente, mantuve conversaciones rápidas hablando de lo emocionado que estaba por ver la película, salí de casa, cogí el autobús y llegué al cine.

Y ahí estaba. Sentado en la butaca, rodeado de gente, feliz, ansioso por disfrutar la película, por ver aquello que me había dado tantas horas de conversación, que me había dado la oportunidad de conocer gente afín a mí, de hacer nuevos amigos, de poder comenzar a salir del ambiente represivo en el que me encontraba, de conocerme a mi mismo. En ese momento era la persona más feliz del mundo.

Me pasé toda la proyección emocionado, cautivado por todo el universo visual del film, por todas las escenas que había visto infinidad de veces en tráilers y que ahora cobraban vida en la sala de cine, pensando en cómo estarían viviendo la película todo el grupo de personas de Tuenti. Y claro, evidentemente, después me pasé la noche del viernes y el resto del fin de semana comentando la película con todos ellos sin dejar pasar ni un solo detalle. Creo que es uno de los días más felices que recuerdo de mi vida.

Tiempo después, ya con reposo, me percaté de que la película era más bien flojita, pero todo lo que me ofreció a nivel personal hace que para mí sea una de las cintas más importantes de mi vida. Cada vez que vuelvo a ella, aflora el recuerdo de todo lo que me hizo vivir y me es imposible sentir que estoy viendo una mala película.

Tras el estreno, esta dinámica que habíamos adquirido de comentar películas en Tuenti siguió. Durante ese año, no paramos de hablar de estrenos como ‘Kick-Ass’, ‘Origen’, ‘Toy Story 3’, ‘Harry Potter y las reliquias de la muerte’,… Y por supuesto, seguimos subiendo fotos haciendo cuentas regresivas para los estrenos de muchas de ellas.

Tiempo después, Tuenti comenzó a morir. El contacto lo seguí manteniendo con la gran mayoría de personas a través de otras redes como Twitter, Facebook, WhatsApp, a algunas comencé a conocerlas personalmente,… aunque sí que es cierto que hubo gente de la que no volví a saber nada y que con el paso del tiempo el contacto se ha ido perdiendo.

‘Sombras tenebrosas’ y ‘Frankenweenie’

Y llegamos ahora a 2011, año en el que se puede decir que comienza la segunda parte de esta historia. Y es que el cercano estreno de ‘Sombras tenebrosas’ y ‘Frankenweenie’ de Tim Burton me hizo vivir una experiencia similar a la de ‘Alicia’, aunque en esta ocasión digamos que el relato no tuvo final feliz. Y mientras que anteriormente había podido descubrir lo bueno de las redes sociales, en esta ocasión toco enfrentarse a su lado más negativo.

De entre la gente de Tuenti mantuve especial contacto con dos personas. Y como ocurrió con la anterior película de Burton, nos pasábamos los días hablando sobre los próximos estrenos del director y sobre el resto de pelis que nos interesaban, pero esta vez por Twitter o por WhatsApp.

En esta época, yo empecé de nuevo a pasarlo mal debido a que tuve que cambiarme de instituto para hacer Bachillerato, dejé de estar en el día a día con el pequeño grupo de amigos que tenía en mi pueblo y empecé a vivir situaciones de constante bullying. Mis resultados académicos se fueron a pique e incluso me planteé dejar Bachillerato y básicamente tirar mi vida por la borda.

Fue de nuevo gracias a las redes sociales, al cine y a estas dos personas con las que hablaba diariamente por lo que conseguí superar este bache. Además, el disponer ya de smartphones y el poder en constante contacto a través de las redes fue algo que contribuyó a que estas personas se convirtieran en mis mejores amigos, especialmente una de ellas.

El pasar un día horrible en el instituto era mitigado por el pasar las tardes hablando con ellos sobre ‘Frankenweenie’ y ‘Sombras Tenebrosas’, con poder salir del cine y tener alguien a quien poder escribir de forma inmediata para comentar la película, con levantarme un día y encontrarme el móvil lleno de mensajes que una de estas personas me envió a las 3 de la madrugada diciendo que Tim Burton iba a dirigir ‘Big Eyes’ y que estaba deseando comentar la noticia conmigo. Y el estar mal, que uno de ellos me hable y me diga que no me preocupe, que le tengo a él y que me considera su mejor amigo, era algo que me hacía infinitamente feliz.

Pero todo se fue al traste. Las redes sociales son también un nido de gente a rebosar de odio y malas intenciones que ante la posibilidad de escribir bajo el anonimato no dudan en sacar a relucir este rencor. Y claro, cuando estás en una plataforma como Twitter te expones a tener que interactuar con personas así.

Creo recordar que esto ocurrió a finales de verano de 2012, cuando, ante las numerosas conversaciones que mantenía por Twitter con el que por aquel entonces era mi mejor amigo, alguien empezó a acosarnos, a lanzar insultos, a intentar ridiculizarnos, a inventarse que éramos pareja y a realizar comentarios despectivos al respecto. Yo al principio no le di importancia, pero el asunto derivó a que el acosador comenzara a difundir fotografías nuestras, a enviarme mensajes y dibujos incitándome al suicidio, a crearse perfiles falsos haciéndose pasar por nosotros,…

El tema se fue bastante de madre y no supe cómo gestionarlo. Al final, el que era mi mejor amigo comenzó a mostrar cierta distancia, y yo, que en ese momento no tenía a nadie, me empecé a obsesionar bastante con el asunto, lo que conllevó a que quisiera alejarse por completo de mí para evitar problemas. Se cerró su cuenta en Twitter, me bloqueó de todas sus redes sociales e incluso llegó a decirme que él no me consideraba su amigo, que solo era una persona que había conocido por internet.

Lo peor es que dicho comentario lo acompañó con algo como “el año que viene cuando vayas a estudiar fuera conocerás a gente que serán tus amigos de verdad”. Y yo, que el 90% de mis amigos en aquel momento eran personas que había conocido por internet, sentí que mi vida carecía de sentido, y más después de que esta afirmación viniera de alguien que en ese momento representaba para mí toda esa felicidad que había vivido desde el estreno de ‘Alicia en el país de las maravillas’. Fue la única vez de mi vida que me planteé seriamente el suicidio.

Quiero recalcar que no le culpo de esta situación. Todo llegó a tal extremo que no había solución alguna posible. Y creo que yo, que en mi etapa adolescente era bastante bocazas y no me pensaba dos veces las cosas antes de hacerlas, tuve gran parte de la culpa. Lo ideal hubiera sido haber puesto una denuncia ante el acoso sufrido en redes y haber zanjado el tema antes de que fuera a más, pero era algo que ni me planteaba por querer evitar cualquier tipo de lío.

Después, cuando en 2013 llegué a Madrid, coincidí con él en la universidad. Allí intenté arreglar las cosas, hablar tranquilamente del tema, pero al final todo fue a peor. Lo único que conseguí fue que me afectara más de lo necesario, que me generara inseguridades, que terminara por cerrarme a mis compañeros, a conocer gente nueva o que acabara por reprimirme.

No fue hasta dos años después cuando me sentí capaz de volver a abrirme de nuevo. En esta ocasión no fue gracias al cine de Tim Burton, sino que fue gracias a una amiga que conocí en un concierto Dover, persona con la que saqué mi lado más mamarracho y friki y con la que poco a poco fui reencontrándome a mí mismo. Aquí salí del armario, puse gran ímpetu en abrirme mucho más, en conocer a gente por redes sociales,… Seguía teniendo muchas inseguridades que me generaban bastantes problemas a la hora de relacionarme, expresarme o caer bien a la gente, pero poco a poco fui intentando hacer frente a estas dificultades.

Hoy en día sigo arrastrando estos problemas. Y es frustrante sentir que estas inseguridades me impiden ser yo mismo, expresar lo que quiero decir, mostrar un mayor rendimiento o transmitir mis sentimientos. Por suerte, estos últimos años he tenido ocasión de conocer personas maravillosas que, pese a mis problemas, han sabido entenderme y compartir conmigo grandes momentos y experiencias.

Me encantaría poder olvidar estos contratiempos, dejar de lado todas las malas experiencias pasadas y centrarme en todo lo que tengo ahora. Sin embargo, siento que hay heridas que son demasiado grandes como para cerrarse por completo.

Hoy, 5 de marzo de 2020, ‘Alicia en el país de las maravillas’ cumple 10 años y me lleva a echar la vista atrás, a rememorar esta década, a revivir experiencias, a reflexionar sobre mi vida o a recordar a gente importante para mí. Y es que a esta película le debo el haberme dado la mejor etapa de mi vida y la oportunidad de conocer personas increíbles, personas que me ayudaron a abrir mi mentalidad, a conocerme a mí mismo y a superar problemas. Y pese a que el recuerdo de aquellos años se vio emborronado por una mala experiencia posterior, es una etapa que siempre querré recordar por lo extremadamente feliz que fui.

Hay quien me reprocha mis gustos por considerar a Tim Burton mi director favorito, pero claro está que mi devoción hacia este cineasta va más allá de sus obras cinematográficas (casi todas excelentes, por cierto). Al final, lo que nos aporta el cine va más allá de la calidad de cualquier película. Y creo que eso es lo realmente bonito del séptimo arte.

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