Sing Street | Vida y música

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Por Jorge Aceña

Bajo una premeditada conjetura en la que John Carney sella  por medio de un melancólico y esperanzador epílogo su espiritual trilogía musical, se esconden múltiples avenencias por las que dicho arquetipo argumental, estructural y formal, no debe desaparecer de la mente de alguien que siente hondamente, con absoluta transparencia, lo que cuenta en sus películas.

La música como conducto vital. Como medio de expresión emocional. El fin de Carney, al igual que el de sus personajes, queda ligado al realce de un soliloquio donde la canción ejerce de hilo conductor, de motor persistente respecto a diferentes modelos existenciales. Porque probablemente no hay nadie en la actualidad como el John Carney, hijo predilecto del musical contemporáneo, aquel que posee el don de contar inmejorablemente una historia a través de la música, en total correspondencia con la base contextual que engloba todo el conjunto.

La trilogía musical de John Carney puede definirse únicamente en tres fragmentos, tres partituras, tres secuencias, que materializan la constante del director, es decir, su personal concepto de relación entre la vida y la música, además del cine como irrevocable medio de transmisión. Cada una de las tres piezas está determinada por pequeños detalles, como una mirada – apoteósico cruce de ellas entre Glen Hansard y Marketa Irglova en el estudio, tocando “When the minds made up” – que explica sin la necesidad de palabras toda una amalgama de sentimientos, o como una sonrisa reluciente – la de Keira Knightley cantando “Coming up roses” en plena Nueva York, o la que una preciosa Lucy Boynton le regala al protagonista en el videoclip “Riddle of a model” – que desarme por completo y vaya más allá de la simple estima, traspasando fervientemente cualquier tipo de afecto cordial.

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“Sing Street” es el broche de oro a un tríptico de incuestionable añoranza, de amores y sueños, pues resulta imposible no mencionar a las magníficas “Once” y “Begin Again”. Todas forman parte de una misma base, del mismo núcleo, expuesto siempre con la misma franqueza por un director que entiende la vida como una oportunidad para lanzarse al vacío y luchar por lo que de verdad importa.

Haciendo caso omiso del orden lineal de las tres partes, siendo “Sing Street” la última de ellas y la única que parte de la juventud para narrar sendos caminos que entroncan y se unen, Carney se corona como un prominente narrador musical, de un talento y estilo incontestable.

ESTRENO EN CINES 30 DE SEPTIEMBRE

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