Las Amigas de Ágata | El fluir del tiempo

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Por Jorge Aceña

Ni por evitar tumultuosas complejidades a la hora de comprometerse laboriosamente en la consecución de un proyecto ni por establecer frentes asequibles y poco arriesgados para llegar cómodamente a ellos, llevar a cabo una plasmación equiparable al punto iniciático – más bien como llana similitud que como fruto metafórico – se debe ostensiblemente a un rasgo de avenencia con el propio momento existencial, pues dicho instante acaba irradiando y modelando un estilo en referencia a la visión global que uno tiene sobre sí mismo y sobre los múltiples organismos que lo rodean, tanto en el momento presente como en tiempos pretéritos.

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Sin atender a ningún modelo autobiográfico pero sí radiográfico de una fase transitoria entre el final de la adolescencia – la etapa escolar, los amigos de toda una vida, las vivencias sumergidas en un mundo de inmadurez e irresponsabilidad – y el comienzo de la edad adulta – dificultades de iniciación ante un nuevo periplo vital, otros sitios, otras amistades – aunadas por una sensación de incomprensión ante tan irremediable transmutación y por la que completamente todos hemos pasado, las directoras Laia Alabart, Alba Cros, Laura Rius y Marta Verheyen construyen, en lo que a priori es un trabajo de fin de carrera, un brillante ejercicio cinematográfico donde confluye la vida focalizada en un puente que rompe con el pasado y cimenta un nuevo presente.

A modo de consecuente símil comprendido por la focalización de un período desconocido para cuatro amigas y la realidad expuesta en un largometraje realizado por cuatro jóvenes directoras que completan un ciclo y miran ya hacia un futuro igualmente insólito, “Las amigas de Àgata” va mucho más allá de la primaria sorpresa producida por tal interesante y enriquecedor debut, pues tanto en la liviandad formal como en la aparente sencillez argumental subsiste una pasión (un tanto extinta) por estampar un compendio del reflejo generacional con una naturalidad y fuerza interior imponentes, sin mayores añadidos que la verdad de unas actrices espléndidas que potencian el gran valor de la trascendencia desde la más absoluta cercanía. En una breve síntesis, “Las amigas de Àgata” emerge como una derivación del fluir del tiempo, donde el imperecedero devenir de la vida se encuentra aferrado a su inmutable orden lineal y pese a que el recuerdo nostálgico propague un efecto maquillador en base a una realidad de la que se quiera escapar, a veces no queda más remedio que aceptar las cosas como son, tanto en completa soledad como acompañado por los amigos de siempre – aludiendo al impresionante final de la película – , aquellos que fueron tanto y hoy tienden a diluirse, contemplando el mar en un hermoso amanecer incapaz de capturar.

ESTRENO EN CINES 10 DE JUNIO

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