El Rey Tuerto | Daños colaterales

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Por Jorge Aceña

No es el simple hecho de presentar mediante la casualidad dos afecciones de un mismo sistema lo que puede llegar a afligir en el espectador, aun polemizando el problema nacional actual en clave de comedia, es la postura ideológica del verdugo la que queda distorsionada y revuelta debido a una impersonalidad por no indagar en el origen del problema. Eso es sin duda lo que causa el verdadero impacto. Así, “El rey tuerto” no busca juzgar en su extensión la gravedad de unas situaciones tristemente incesantes cuando se da lugar una manifestación para protestar por la crisis o mostrar disconformidad frente al gobierno, la película de Marc Crehuet explora en las mentalidades ostensiblemente opuestas que chocan en el discernimiento de la realidad social.

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Partiendo de la idea primaria, originalmente pensada para llevarse a cabo en el teatro, Crehuet, también director de las funciones teatrales exhibidas anteriormente, reformula la síntesis de lo que puede llegar a dar de sí el argumento y extiende su categoría al meollo fílmico, adaptando sin mayores complicaciones y triunfalmente una historia realmente notable. En base a la sencillez de la trama, un antidisturbios que en una manifestación dejó tuerto con una pelota de goma a un manifestante se reencuentra con su víctima en una cena preparada por sus respectivas parejas, el director no busca una formalidad adecuada que deshilvane la esencia original, pues corre el riesgo de llevarla por otros derroteros en cuanto a la complementación de una obra ya de por sí definida, ya que al exhibirse como producto puramente cinematográfico – en cuanto a los diversos elementos y usos narrativos – no resultaría del todo satisfactorio.

Al desmontar la teoría de la imperfección formal, nos encontramos con una película de diálogos sólidos, fluidos, eléctricos e incisivos, apoyando la totalidad del peso en un guión destacado por la mordacidad expuesta, dotado de un humor corrosivo y altamente hilarante. De la mano de dichos diálogos y sin descompasarse en ningún momento del hilo argumental va acompañado un punto de vista crítico en referencia al posicionamiento ideológico de los dos personajes principales, el antidisturbios y el manifestante, el verdugo y la víctima, genialmente interpretados por Alain Fernández y Miki Esparbé, pues se da lugar un intento de reconversión de la postura de la violencia mediante la ilusión del damnificado, que intenta instigar en dicha reconversión y abrirle los ojos tanto al culpable del daño como al espectador – rompiendo finalmente la cuarta pared y haciendo del remarcado dilema el dilema de todos – de una forma sobria y muy inteligente.

ESTRENO EN CINES 20 DE MAYO

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