El Olivo | El viaje como vía para alentar el alma

0 695

.

Por Jorge Aceña

Embarcarse en un viaje hacia terreno desconocido, sin más concreción que la de lanzarse de cabeza a la aventura, sin pensar ni replantearse posibles adversidades, sin mirar hacia atrás, porque tarde o temprano habrá alguien que te ayude por el camino. El fin idiosincrásico de Alma, la protagonista de “El olivo”, entronca admirablemente con la mirada de Icíar Bollaín expuesta en su obra, que con su última película elabora un recorrido a través de aquellas constantes que la afirman como una de las directoras españolas más importantes del cine español. Sirviéndose a modo de síntesis, donde concurren sin ampulosidad diversos contenidos esenciales de una filmografía variada pero nada inconexa, el “El olivo” es representada como una entrañable utopía donde la verdadera importancia no reside en la consumación exitosa de la idea que se pretende llevar a cabo sino en el propio deseo de cambiar las cosas, por muy improbable – inviable más bien – que pueda parecer.

weone_foto_galeria_8514full-zkWU5Oq1uwMWY7Kw

Si bien es cierto que existe una cierta concatenación, por muy extraño que suene, entre “Hola, ¿estás sola?” , “Te doy mis ojos” y “El olivo” – el leitmotiv de la primera confluye aquí como un punto de fuga bajo similares objetivos, y aunque el demoledor foco principal de la segunda no se da pie en ninguna ocasión, en este caso hay una reverberación sobre la amplitud del modelo familiar – en la última película de Bollaín se busca una exposición material más adecuada al conformismo por solventar satisfactoriamente una historia de notorios convencionalismos antes que llevar a cabo un arriesgo en proyectar un arquetipo complejo más ligado a un ámbito mayormente introspectivo. “El olivo”, aun sin alcanzar el mejor nivel de su directora, no deja de ser un buen trabajo, pues la trama goza de una palpable emotividad y ternura evidentes, donde la simplicidad o sencillez son meramente aparentes, pues la historia esconde una gran variedad de asuntos recurrentes y de especial fijación sobre la infancia, las raíces y las relaciones familiares.

El árbol como representación de la vida. El viaje como vía para alentar el alma. A través de una figura milenaria, imponente, donde un anciano relata detalladamente a una niña la importancia que supone el olivo en su vida – imagen en consonancia con el trascendentalismo de las historias – de la exteriorización del amor manifiesto de esta nieta hacia su abuelo y de la relación de ambos con el árbol nace una fábula sobre la lucha por la vida arrancada de la propia tierra, sobre la perseverancia por no olvidar de dónde venimos. El guionista Paul Laverty utiliza la idea del viaje como fin metafórico de la propia protagonista, que a su vez simboliza, como su propio nombre indica, el alma del ser humano, un personaje valiente, impulsivo y temperamental, interpretado extraordinariamente y con mucho talento por Anna Castillo. Con “El olivo”, Icíar Bollaín nos regala una hermosa y sutil lección que merece la pena aprenderse. Porque de nada vale resignarse y lamentar la pérdida cuando existen motivos, por irrealizables que sean, que dan pie a luchar por ellos. Solo hay que dar un paso adelante y no mirar atrás, porque como dice Alma en un fragmento de la película: “Al final habrá alguien que esté dispuesto a ayudarte”.

ESTRENO EN CINES 6 DE MAYO

También podría gustarte Más del autor