El Abrazo de la Serpiente | Odisea amazónica

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Por Jorge Aceña

Descubrimiento, recuerdo, sueño, tiempo. En “El abrazo de la serpiente” confieren una serie de extrapolaciones que tejen de forma omnipresente la realidad circunscrita en el espacio expuesto, un viaje por la selva amazónica en busca de un conocimiento que consecuentemente nos es ajeno, pero que a través de la expedición por el río en compañía de un protagonista único, el solitario Karamakate, la atracción por lo desconocido y el envolvente misterio que aguarda tras de sí un reguero de sucesos y determinaciones marcadas por lo trágico, se establece una vía para llegar al esperado entendimiento – o por lo menos ser conscientes de ello – de lo acontecido en una época pasada y la repercusión establecida en el presente.

El director colombiano Ciro Guerra demostró con “Los viajes del viento” – película nominada al Óscar y reconocida muy ávidamente por la crítica – ser un cineasta muy arraigado con la cultura de su país, pues si de algo se caracterizaba su anterior largometraje era precisamente de denotar un sentimiento conjeturalmente introvertido, pues el significado/ simbolismo de gran parte de las acciones de “Los viajes del viento” resultaban difíciles de comprender para un público que desconoce buena parte de las creencias o leyendas de Sudamérica. Guerra continúa con su particular traslación cultural en “El abrazo de la serpiente”, pero esta vez relacionada con los indígenas del Amazonas y los hechos que afectaron primorosamente la existencia en el lugar y a sus habitantes. La película está contada a través de dos historias, una acontecida a principios de SXX y la otra en 1940, tiendo como nexo de unión la perceptiva muestra de los prolegómenos y las consecuencias del colonialismo respecto a la región y la figura de Karamakate, un poderoso chamán.

5 (Andres  C¢rdoba)

La odisea amazónica (por partida doble) que Ciro Guerra propone con su película, la primera con la expedición del etnógrafo alemán Theodor Von Martius en búsqueda de una planta llamada yakruna, con el fin de curar su enfermedad debido a sus cualidades curativas; la segunda con el científico Evans, quien busca esta misma planta con objetivos dispares, pues el sentido del viaje de Evans es, aparte del relacionado con el conocimiento, encontrar la yakruna para entregarse al sueño. Si el primer viaje le sirve a Karamakate, el indígena que guía a los científicos en sendos viajes, para ser conocedor de la explotación de su colonia en manos de individuos que pretenden lucrarse a base de la explotación del caucho y la extinción de los habitantes para llevar a cabo su vil andadura, el segundo le sirve para rememorar el tiempo pasado, añorar la otra vida, descubrir en primera persona la mutación que ha sufrido la zona. Bajo comparaciones de inestimable coherencia como con “Apolcalypse Now” o la más evidente, con el cine de Werner Herzog – del cual no solo comparte ideas de películas concretas como “Fitzcarraldo” sino que acompaña una constante en toda su filmografía, la de la lucha contra uno mismo, contra la desmesurada ambición, enfrentados y comprendidos ante la propia naturaleza, el personaje más importante de todos – se esconde una película con voz propia, que radiografía de forma ejemplar y con una fotografía en blanco y negro de belleza abismal, la esencia de una vida que parece estar ya obsoleta, una existencia pasada que Karamakate anhela en su silencioso recorrido por la selva.

ESTRENO EN CINES 19 DE FEBRERO

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