Carol | Una obra maestra

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Por Julio Gálvez 

En 2002, Todd Haynes renovó la temática del melodrama clásico y recuperó el estilo de Douglas Sirk con gran éxito en Lejos del cielo. Nueve años después regresó por la misma senda con la miniserie de la HBO Mildred Pierce, un ejercicio sólido, aunque no brillante. Tras casi una década sin estrenos cinematográficos, el director californiano vuelve a las salas comerciales con una obra casi perfecta, Carol.

Basada en la novela de Patricia Highsmith, publicada en 1952 bajo seudónimo con el título El precio de la sal, la cinta narra la relación sentimental en el Nueva York de los años cincuenta entre Carol Aird, una acomodada madre de familia inmersa en un proceso de divorcio, y Therese Belivet, una joven dependienta de unos grandes almacenes que aspira a ganarse la vida como fotógrafa.

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Haynes y la guionista Phyllis Nagy realizan un trabajo admirable en la narración de esta historia de amor delicada, elegante y sutil. Con un ritmo pausado, se desvelan las vibrantes vidas interiores de dos mujeres multidimensionales que se ven asfixiadas por las convenciones y expectativas sociales.

Gracias a una puesta en escena brillante, el director y su equipo inundan el relato de matices y detalles que evidencian su poesía y complejidad. La fotografía de Ed Lachman bebe de Douglas Sirk y Edward Hopper para crear encuadres sugerentes en los que se ha medido con acierto qué mostrar y qué esconder, tanto en interiores como en exteriores. Incluso la salida de aire del metro con que comienza la película desprende elegancia. Especialmente expresivos resultan los planos detalle que aparecen durante el metraje, centrados en las manos y rostros de las actrices. Tampoco se puede obviar la excelente banda sonora de Carter Burwell, que envuelve las imágenes y profundiza en las emociones de los personajes con resonancias del trabajo que realizó Philip Glass para Las horas. Junto con la notable dirección artística, destaca el excelente diseño de vestuario a cargo de Sandy Powell, cuyos trajes definen a las dos protagonistas como pocas veces se ha visto en el cine.

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No obstante, quienes mejor definen a los personajes principales son Cate Blanchett y Rooney Mara, dos actrices entregadas que ofrecen unos trabajos excelentes, marcados por la naturalidad y sutileza, pues transmiten el inmenso y convulso mundo interior de ambas mujeres con gestos más que con palabras. La intérprete australiana supera su oscarizada labor en Blue Jasmine con una composición sugerente y misteriosa en la que utiliza una mirada poderosa y expresiva para mostrar una gran paleta de matices. Es admirable la capacidad de Blanchett para reflejar el dilema que la sociedad impone a Carol; debe escoger entre ser madre o alcanzar la libertad para desarrollar las demás facetas de su vida. Sin embargo, ella no se deja intimidar, aunque al final se vea obligada a tomar una decisión. Es en ese aspecto, precisamente, donde la película muestra con más claridad sus resonancias actuales y su madurez. En cuanto a Mara, imprime al personaje una candidez que, más allá de las diferencias evidentes, recuerda a Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes. Aun así, la joven actriz también muestra las dudas y sorpresa de su personaje ante el descubrimiento que supone enamorarse de Carol.

Por tanto, nos encontramos ante una obra maestra en la que todas sus piezas encajan y se complementan a la perfección. Su ausencia entre las candidatas al Oscar a mejor película y director solo subraya que los premios no siempre reconocen las mejores cintas del año.

ESTRENO EN CINES 5 DE FEBRERO

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