El Clan | Brutalidad clandestina

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Por Jorge Aceña

Hace escasas semanas llegó a la cartelera una película que buscaba narrar una historia de gángsters con enfática denotación por las cintas más representativas del género de la mafia o el criminal. “Black Mass”, pese a quedar demasiado influenciada por el cine de Martin Scorsese, generaba ciertos momentos de tensión y en su conjunto, se intuía un máximo fervor por el ritmo, la atmósfera negra de las calles y la ostentación de la violencia de un modo creíble y feroz. Podíamos hablar de “Black Mass” como un intento de acercamiento – o más bien de copia – hacia las propiedades que sustentan y forman parte indispensable de un cine determinado, aunque evidentemente tienda a inclinarse por la imitación del estilo o registro de un determinado autor.

“El clan”, la última película de Pablo Trapero, juega descaradamente con la copia del modo de realización del cineasta de referencia en este tipo de películas – quien sino Scorsese – y todo lo que vemos parece haber sido malogrado y dado de sí, sin ningún tipo de reparo. Así, “El clan” queda retratada como una impersonal visión de un suceso criminal sin capacidad de avance, resaltando únicamente alguna que otra secuencia de acertada ejecución.

La película cuenta la verdadera historia sobre el Clan Puccio, una familia argentina que con su secreto conmocionó a todo un país. Bajo la aparente normalidad de sus vidas, la familia se dedicaba en la más absoluta clandestinidad al secuestro y extorsión de personas influyentes o con muchos bienes para así asegurarse de que los familiares puedan pagar el rescate y quedarse con todos los beneficios. Arquímedes, el patriarca, es el que planifica y está al mando de todos los secuestros; Alex, el hijo mayor, es una joven promesa del rugby y acompaña a su padre en todo momento en la consecución de las operaciones. El resto de la familia mira para otro lado con el fin de no levantar ninguna sospecha y llevar una buena vida a costa del sufrimiento de los demás.

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Esto es algo que molesta bastante, el ver que un material tan interesante del que se puede sacar muy buen provecho sea fatalmente aprovechado. Trapero se equivoca en el planteamiento, nudo y desenlace, tres actos que quedan abogados por el uso abusivo de una música inconexa y que saca fuera continuamente al espectador. En esta imposible justificación ante el improperio que supone desprenderse de toda identidad para efectuar una película plagiando erróneamente la metodología de otro director, Trapero acierta cuando se trata de mostrar la acción crucial con un manejo de la cámara muy preciso y estimulante, algo que irremediablemente resulta inútil ya que todo carece de tensión, de fuerza. “El Clan” peca de querer parecerse demasiado a otras películas y sin embargo no es capaz ni de captar la atención del espectador en ningún momento,  pues ante la falta de nervio y de virulencia en determinados momentos, tenemos la sensación de los hechos que se muestran no sean del todo veraces y concluyentes. El trabajo de los actores no es que sea el adecuado, ya que todos pasan más bien desapercibidos incluso Guillermo Francella, quien aquí interpreta al líder de la familia. Esa llamada voz cantante parece estar bastante afónica. Le falta fuerza, personalidad, desprender mal rollo. Vamos, como a la película.

ESTRENO EN CINES 13 DE NOVIEMBRE

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