Truman | Ponga un perro (y un amigo) en su vida

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Por Julio Gálvez

En el festival de San Sebastián de 2014, la actriz danesa Paprika Steen consiguió la Concha de Plata a la mejor interpretación femenina por su trabajo en Corazón silencioso, que giraba en torno a la decisión de una anciana de poner fin a su vida antes de que la ELA deteriorara sus capacidades físicas. El tema aparecía una vez más en la edición de este año con Truman, del director Cesc Gay, que puso en marcha la competición con muy buen pulso.

Julián (Ricardo Darín) es un actor que, tras ver cómo el cáncer de pulmón se extiende por todo su cuerpo, renuncia a seguir el tratamiento médico y opta por acabar con su existencia antes de que su estado empeore. Su amigo Tomás (Javier Cámara), que vive en Canadá, decide visitarle durante cuatro días en los que, entre otras cosas, pasearán y buscarán un nuevo dueño para Truman, el perro del enfermo.

La película, una mirada honesta y entera a la amistad, la muerte y la vida, destaca, sobre todo, por su excelente guion, muy bien armado con unos diálogos y situaciones realistas que combinan la crudeza de la situación retratada con una mirada sarcástica e irónica. Quizá se trate de una característica de la cultura española en particular y latina en general. La realidad puede parecer negra, pero nunca se renuncia a reírse de uno mismo en algún momento. La fortaleza del libreto también tiene consecuencias para la puesta en escena. Como Gay sabe tan bien lo que quiere contar, opta por narrar sin grandes artificios. Así, utiliza una fotografía y montaje muy sencillos, pero también elegantes y, ante todo, efectivos. Estos siempre permanecen al servicio de la historia y nunca se pierden en alardes estéticos superfluos.

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Pese a la fortaleza del guion y de una dirección sútil, Truman no sería una gran película sobre dos amigos que se enfrentan a la muerte sin las extraordinarias actuaciones de Ricardo Darín y Javier Cámara. Más allá de interpretar, ambos actores se convierten en sus personajes y destilan una enorme química. Por supuesto, se complementan. Aunque la muerte haya llamado a su puerta, o precismaente por ese motivo, Julián no pierde la vitalidad y siente la necesidad de actuar y ocupar todo su tiempo con actividades. Por el contrario, Tomás se decanta por los silencios y la calma. En gran medida, vive por dentro. Pese a sus diferencias, ambos se admiran y se quieren. Se necesitan. Transmitir esta gran cantidad de matices no parece problemático para ninguno de los dos. Desde luego, la decisión de otorgar a Darín y Cámara la Concha de Plata a la mejor interpretación masculina en el festival guipuzcoano admite pocas discusiones.

                                                 ESTRENO EN CINES 30 DE OCTUBRE

Adaptación de la crítica publicada originariamente en el artículo «San Sebastián 2015 (II): el perro Truman, la canción escocesa de Davies y el sicario de Villeneuve«

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