San Sebastián 2015 (VIII): ‘Les démons’ sorprende como punto final de una pobre competición

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Mientras Emily Watson se prepara para recibir el premio Donostia esta noche, el bajo nivel de la competición oficial no ha tomado impulso con la presentación de los dos últimos títulos que aspiran a la Concha de Oro: la sorprendente y curiosa Les démons, del quebequés Philippe Lesage, y el cortometraje alargado Un día perfecto para volar, del catalán Marc Recha.

No resulta sencillo introducir el argumento de Les démons. Félix, un chico de diez años que vive en un barrio residencial de Montreal, pasa el tiempo entre el colegio, la piscina, su familia y sus amigos. En esos entornos despertarán y tomarán fuerza los miedos al divorcio de sus padres, al contagio del SIDA e incluso a su propio secuestro. Hasta ahí llegan las palabras, pero las imágenes de esta cinta resultan más crípticas, inquietantes y, por momentos, turbias y confusas. Ello se debe, en parte, al estilo visual de Lesage. Pero, también, y esto es problemático, a su lentitud para plantear el conflicto principal de la historia. Su concreción, bien avanzada la historia, no ayuda a una narración dispersa que, en su primera mitad, camina como perdida entre situaciones que se interrumpen cuando comienzan a ganar intensidad. Entonces, Lesage vuelve a empezar con la introducción de un nuevo personaje o conflicto aparentemente destinado a dominar la película. Hasta que llega una nueva interrupción. Y, finalmente, la columna vertebral de Les démons. Superada la mitad de sus 118 minutos. La consecuencia es una cinta algo hueca que no explora con gran detalle los demonios internos de los más pequeños.

Démons

Sin embargo, el notable vacío narrativo durante la primera mitad del filme se salva gracias a un inteligente y sorprendente juego de convenciones. Aunque Les démons se revela finalmente como un thriller oscuro y dramático, su inicio se limita a jugar con el espectador y sugerir la posible maldad del protagonista mientras muestra un día a día que en determinados momentos adquiere tonos de intriga y terror. Pero, las situaciones no resultan tan dramáticas como la música y fotografía hacían suponer, pese a su ocasional violencia. Así, los juegos de Félix incluyen asustar a su hermano con un macabro payaso en plena noche, vestir de mujer a un amigo o encerrarlo en la taquilla de la piscina. Presentimos desenlaces fatales o, al menos, trágicos. Sin embargo, la desgracia anunciada no se produce.

Por tanto, y pese a desaprovechar parcialmente las posibilidades de profundizar en los temores y paranoias de los más pequeños, Les démons hipnotiza al espectador con sus artificios, de claro aroma hitchcockiano. No en vano, la fotografía fluida y distante, que parece espiar a los personajes desde la lejanía, podría ser obra del mirón James Stewart, sentado frente a la ventana indiscreta. Por no hablar de la trama principal, cuyo villano y desarrollo presentan ciertos paralelismos con Psicosis. Lesage incluso da la sensación de homenajear la célebre escena de la ducha. Y ni siquiera le hace falta mostrar el agua saliendo por el desagüe. 

Recha e hijo

Además de cine canadiense, la cinematografía nacional no ha faltado para clausurar la competición del Zinemaldi. El catalán Marc Recha ha presentado Un día perfecto para volar, un cortometraje alargado (la película dura 70 minutos) en el que su hijo Roc, Sergi López y él mismo cuentan historias fantásticas y pasean por un paisaje montañoso de la costa catalana. También intentan volar una cometa amarilla. 

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El principal sentimiento que despierta la cinta es el de desconcierto. No sabemos si estamos ante un capricho de autor, un homenaje a su hijo y la infancia o un producto plagado de significados ocultos (¿los cuentos solo son cuentos o metáforas sobre la Cataluña actual?). Como la vida consiste en tomar decisiones, optaremos por una combinación de las dos primeras, con claro predominio de la segunda. En ese caso, el cineasta ha logrado un producto naturalista y tierno que retrata con acierto la ingenuidad, curiosidad, despreocupación y ganas de vivir durante la infancia. De todas formas, no deja de ser una propuesta leve y discreta más orientada al consumo de la familia Recha que al del resto de espectadores. Como un vídeo doméstico con el que se puede empatizar en ciertos momentos y sentir indiferencia en otros tantos.

En último lugar, la sección Perlas ha presentado Black Mass. Scott Cooper dirige a Johnny Deep, necesitado de papeles prestigiosos con posibilidades de Oscar, en esta biografía sobre James ‘Whitey’ Bulger, señor del crimen de Boston que se convirtió en informante del FBI para eliminar a su competencia, la mafia italiana. Black Mass no aporta novedades a las cintas de gánsteres, adolece de una notable falta de personalidad y le sobran lugares comunes.

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Sin embargo, se disfruta de principio a fin gracias, sobre todo, a las interpretaciones. Si bien Deep se libera de sus manierismos y ofrece una interpretación fría y relativamente contenida, es Joel Edgerton como el agente del FBI John Connolly quien saca mayor partido a su complejo y contradictorio personaje. 

 

 

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