San Sebastián 2015 (VI): ‘El rey de La Habana’ y ‘Moira’, ¿camino de los premios?

0 480

Se acerca el final del festival y, con la posible excepción de Truman, sigue sin aparecer la gran película merecedora de la Concha de Oro. La competencia del certamen es enorme, por lo que no sería descabellado pensar que esa cinta excelente ya se ha proyectado en Toronto o Venecia y no se ha incluido en la competición de San Sebastián. Por el momento, a la capital guipuzcoana han llegado gran cantidad de filmes mediocres, algunos correctos y unos pocos buenos. Pero, muy imperfectos. En ese tercer grupo podemos incluir El rey de La Habana, de Agustí Villaronga, y Moira, de Levan Tutberidze.

«Somos pobres en un país pobre», asegura el protagonista de El rey de La Habana en una escena. Otro personaje afirma que a esas personas solo les queda esperar que pase el tiempo sin meterse en problemas. Pero, a veces, los problemas te encuentran aunque no los busques. Tal y como le sucede a Reinaldo, un joven condenado por dos delitos que no ha cometido: los asesinatos de su madre y hermano. Cuando consiga escapar del correccional, se enfrentará a la capital cubana de los años noventa, un entorno de miseria y decadencia.

Basada en la novela de Pedro Juan Gutiérrez, esta adaptación relata las aventuras y desventuras de un moderno Lazarillo de Tormes con una combinación de humor y drama que no siempre funciona. De hecho, durante la primera mitad de metraje la alternancia brusca entre alegría y desgracia otorga a la película un tono extraño que no concuerda del todo con la situación trágica expuesta. Asimismo, Villaronga parece perder el control con la inclusión de un elevado número de escenas sexuales que no siempre contribuyen al desarrollo de la acción. Por momentos, la cinta da la sensación de no tomarse en serio a sí misma. Cierto, la pobreza no implica lamentos constantes, pero tampoco desenfado absoluto como sucede al principio de El rey de La Habana con su sobrecarga de bromas.

fp_630908_7812

Sin embargo, el ritmo constante facilita la superación de esos obstáculos y el desarrollo de la acción, más trágica, gris y desesperanzada a medida que avanza el metraje. Asimismo, el buen pulso de la narración permite profundizar en unos individuos tridimensionales que a veces toman decisiones acertadas y, en la mayoría de los casos, se equivocan. Pero, Villaronga no juzga sus personajes ni sus contradicciones, sino que muestra todas sus vertientes. Aman, odian, están desesperados, pero también se permiten bromear sobre su propia situación y vivir. Solo la acción final del protagonista resulta incoherente y poco creíble, aunque podría interpretarse como una intervención irreflexiva fruto de la tensión del momento. Sea como sea, en los últimos cinco minutos aparecen de nuevo los problemas de tono y vuelven a amenazar con hundir el barco. Pero la potencia de la acción impide, una vez más, caer en la exageración desmedida e histriónica y diluir la historia en una pantomima.

Esos personajes imperfectos como la propia película viven en una Habana decadente y miserable que, gracias a la excelente dirección artística, se convierte en un personaje más de la acción. No se puede entender a los protagonistas sin observar las ruinas en las que habitan. Edificios caídos, viviendas construidas entre escombros con automóviles abandonados, callejuelas estrechas y vertederos se relacionan con Reinaldo y sus amistades y determinan su día a día. Convertidos en un complemento imprescindible de la historia, introducen al espectador en un mundo sucio y pobre, sin posibilidades de futuro. Tampoco se puede obviar la fotografía y montaje de la película, sobre todo, durante las escenas en que llegan las tormentas de El Niño a La Habana.

En cuanto a los intérpretes, los principiantes Maykol David Tortolo, Yordanka Ariosa y Héctor Medina ofrecen actuaciones naturalistas que resultan coherentes con el carácter y entorno de sus personajes.

Pescador por necesidad

El cine social ha sido una constante este miércoles en San Sebastián, ya que la georgiana Moira, del director Levan Tutberidze, también pone el foco sobre unos personajes sin recursos económicos. La candidata de la antigua república soviética para los próximos Oscar en la categoría de mejor película en lengua extranjera gira en torno a Mamuka, un joven recién salido de prisión que intentará sacar a su familia de la pobreza con la compra de un barco pesquero. Pero, los tratos de su hermano pequeño con delincuentes terminarán por salpicarle.

fp_635290_8761

Esta historia conocida y algo previsible tarda en arrancar y, hasta que lo hace, deja de lado al personaje principal para centrarse en su hermano pequeño, lo cual perjudica a la presentación del protagonista y al propio ritmo de la película, aunque esa interrupción en la lógica sea necesaria para plantear un conflicto posterior.

Superado ese escollo, el realismo sucio, seco y directo de Moira, similar al que ha inundado las últimas películas de Jacques Audiard, le permite crecer y construir un discurso contemplativo y pausado sobre las dificultades para abandonar la delincuencia en entornos pobres y sin posibilidades de un futuro mejor. Aunque intentes salir, por mucho que pongas de tu parte, la red te volverá a atrapar, parece decir Tutberidze. Esa idea emparenta a la película con otro gran director, el estadounidense James Gray.

De todas formas, el cineasta georgiano no alcanza la excelencia de Audiard y Gray en sus fotogramas. Como ya ha sucedido con otras películas de la competición, el relato resulta demasiado pequeño y obvio, aunque está bien planteado y logra incrementar la tensión hasta alcanzar el acto final. De menos a más.

fp_630884_8607

En cuanto a la perla nuestra de cada día, se ha podido ver Mountains May Depart, última obra del chino Jia Zhangke aplaudida (no premiada) en el pasado festival de Cannes. La narración fluida y el interés por el contexto social de la China contemporánea resultan tan evidentes como en Un toque de violencia, pero esta vez el realizador parece más preocupado por los conflictos particulares de los personajes que por el entorno. De cualquier forma, nos encontramos ante otro gran trabajo de Zhangke, que no renuncia a la utilización de la ironía.    

También podría gustarte Más del autor