Hitman: Agente 47 | El perpetuo declive del cine-videojuego

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Por Pablo Vaillo

En el año 1993 apareció en pantalla la abominable Super Mario Bros, un experimento-insulto a la lógica y estética de los videojuegos que nos subrayó una deficiencia obvia: la relación entre el medio virtual y el audiovisual no es tan sencilla como Hollywood desearía. Sin embargo, a pesar del memorable fracaso en taquilla, la industria americana no quiso rendirse y poco a poco las adaptaciones han dado su resultado en el ámbito económico. Pero no en el artístico.

Siguiendo esta línea, Hitman: Agente 47, una historia sobre espionaje y humanos programados genéticamente (relato que a primera vista podría tener cierto potencial), olvida por completo sus raíces a los 20 minutos para convertirse en un thriller insufrible y estúpido que no sorprende en absoluto al espectador. Ese comienzo, que sí bebe del arte visual del videojuego aunque olvida por completo la interacción entre sistema y jugador, es pronto absorbido por un continuo fluir de contradicciones en su trama y unos diálogos que fuerzan cambios realmente anticlimáticos. En un fallido intento de captar la atención, el desconocido Aleksander Bach ejecuta con relativa efectividad una mezcla barata entre la violencia explícita de Tarantino, la dirección de escenas de acción de Guy Ritchie (especialmente calcadas de Sherlock Holmes) y, siendo muy generoso, la conexión entre el desarrollo visual y la banda sonora de Nolan. De hecho, la música de Marco Beltrami se esfuerza tanto por aludir a Hans Zimmer que solo consigue resaltar la falta de originalidad del conjunto. Aunque, siendo sinceros, la innovación musical en los thrillers en general destaca por su ausencia desde que las trompas de Origen asaltaron la pantalla.

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La simplicidad y linealidad de su argumento parecen ser forzadas conscientemente para que atendamos únicamente en las escenas de acción. Centrándonos en estas, su correcta realización es, en momentos muy concretos, vilipendiada por unos efectos especiales un tanto irreales que nos hace preguntarnos si hemos superado completamente el dañino CGI. Es útil destacar que la esencia del videojuego original, un espía que comete asesinatos silenciosos cumpliendo distintas misiones secretas, queda transformado en una supuestamente épica batalla entre organizaciones que nos sirve únicamente para resaltar la megalomanía de este tipo de Blockbusters. También al correcto y simple nivel general se sitúa la realización de los intérpretes, que ofrecen unas actuaciones tan neutras como se les demanda, si bien en la mayoría de los casos está por ver si serían capaces de ofrecer algo más. Si hay que destacar una decepción más notable es el papel de Zachary Quinto, quién sin ser un gran artista en su profesión, podría aspirar a alguna participación más aceptable y ahorrarse mostrar su peor faceta en películas tan superfluas como Hitman.

En resumen, una película tan innecesaria como olvidable, cuya mayor sorpresa argumental reside en preguntarnos hasta dónde es capaz de llegar el cliché americano de la familia. Aún habrá que esperar unos años para ver una película decente basada en un videojuego, y eso no será posible hasta que se elijan creaciones virtuales que tengan una historia digna de contar.

ESTRENO EN CINES 02 DE OCTUBRE

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