Misión Imposible: Nación Secreta | Ostensión de la fórmula inacabada

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Por Jorge Aceña

Lo que comenzó como una intención servicial al homenaje y una apreciación con pretensiones revitalizadoras del cine de espías, se ha convertido,  diecinueve años después, en una saga totalmente consolidada. En su intento por escenificar admirablemente las relaciones del espionaje y la intensidad de las misiones extremas, Brian De Palma realizó un irregular lavado de cara con una versión libre de la serie con el mismo título, acertando en la substracción de las propiedades intrínsecas del género pero tropezando inevitablemente en la lectura de un guión demasiado retorcido para lo que en realidad quiso contar. Si la segunda parte fue un completo desastre, la tercera entrega dirigida por J.J Abrams resultó ser la más explosiva, trepidante y notable de la saga. “Misión Imposible III” funcionó admirablemente no solo por el afianzamiento del icónico Ethan Hunt, sino por el equilibrio que supone introducir un personaje a la altura del protagonista, pero en contraposiciones éticas. El villano, encarnado por el camaleón Philip Seymour Hoffman, es el verdadero representante del mal que a las anteriores películas les faltaba, entre otras cosas. Este alzamiento en calidad dio pie a una cuarta parte, “Misión Imposible: Protocolo fantasma”, acercándose al nivel de su predecesora pero sucumbiendo inevitablemente ante tan inexorable propósito, sin aportar mucho más que un exceso de lo visto anteriormente.

Ethan (Tom Cruise) en una vertiginosa escena abordo de un avión en Misión Imposible: Nación Secreta
Ethan Hunt (Tom Cruise) en una vertiginosa escena abordo de un avión en Misión Imposible: Nación Secreta

Con “Misión Imposible: Nación secreta” concluimos con la ostensión de la fórmula inacabada, una fórmula que se basa en la operación de quedar sustentada con la acción incesante de las dos últimas partes pero que tristemente posee la irregularidad y torpeza de las dos primeras entregas. Este nuevo capítulo sin duda ofrece un espectáculo asombroso y un entretenimiento óptimo en todas las secuencias de acción genuinamente rodadas, pero entre el entusiasmo provocado por las explosiones y el grueso del contenido no parece que exista el necesario  equilibrio para mantener la historia a flote.

Ethan Hunt y su equipo se embarcan en una nueva misión cuando disuelta la FMI, tienen que destapar una red de agentes que componen la organización terrorista El Sindicato. Esta organización pretende ser la escuela dominante a escala mundial, por tanto, llevarán a cabo una serie de ataques terroristas. Junto con la agente británica Ilsa Faust, quien podría estar dentro de esta organización, Ethan Hunt y su equipo deberán hacer todo lo posible por desmantelar a El Sindicato antes de que sea demasiado tarde.

Tom Cruise y Rebecca Ferguson en una escena de Misión Imposible: Nación Secreta
Tom Cruise y Rebecca Ferguson en una escena de Misión Imposible: Nación Secreta

La inabarcable concepción metódica, a la hora de construir valerosas secuencias de pirotecnia y piruetas capaces de dejar sin resuello al espectador es, con respeto a las anteriores películas, la más brillante de toda la franquicia. Desde el prólogo, una secuencia sorprendente en la que Tom Cruise se encarama a un avión con el fin de liberar unos explosivos, toda la adrenalina y la intensidad implícita en el tejido argumental rezuma a presión y va in crescendo, regalándonos momentos que superan a los ya vistos anteriormente, como la vertiginosa escalada de Cruise en el Burj Khalifa.

Christopher McQuarrie toma como referencia las claves de introspección y desarrollo ‘bondianas’, la dirección clave de De Palma en el primer “Misión Imposible” y a todo ello le quiere sumar ciertos paradigmas hitchcockianos más bien a modo de ralladura que de completa intermediación condescendiente. El ejemplo de esta alusión es la secuencia de la ópera, un perfecto ejemplo de ejecución al que tanto nos tenía acostumbrados el maestro Hitchcock. Sin embargo, McQuarrie acaba por acudir a la fórmula para completar el ejercicio sin pensar demasiado en cómo lo haría él sino en cómo se había hecho anteriormente. Por eso, el resultado es muy similar a la anterior película: Acción (esta vez mejorada), personajes que acompañan al icónico Hunt sin adquirir el protagonismo necesario y una trama de enredos, traiciones y demás sorpresas que encandilarán a los entusiastas de la saga y del cine de espionaje, pero lo que es a mí, me sigue dejando bastante frío.

ESTRENO EN CINE 7 DE AGOSTO

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