Atlantida Film Fest (VII) | Todo parecía perfecto y Taller Capuchoc

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Dos películas españolas, Taller Capuchoc y Todo parecía perfecto. La primera, dirigida por Carlo Padial. La segunda, es la primera película de Alejo Levis.

Para mí “todo parecía perfecto en el taller Capuchoc” y sin embargo, este filme protagonizado por Miguel Noguera me decepcionó totalmente. La propuesta de Alejo Levis, por otra parte, me sorprendió de manera muy grata: una película bella e inteligente.

Una anécdota convertida en película

Soy un fan declarado del humor estúpido, absurdo, o lo que muchos en el afán por poner etiquetas a absolutamente todo, han denominado “posthumor”. Lo que el intelectual que se inventó esta palabra pretendía, era meter en un mismo saco aquellas formas de hacer reír alternativas al chiste o al humor de masas. O lo que es lo mismo, hay personas que hacen públicas las gracietas estúpidas que acostumbran a hacer en su vida personal y a unos pocos resulta que esto nos hace gracia.

Todo parece tener los ingredientes correctos en Taller Capuchoc: el cómico Miguel Noguera famoso por sus “ultrashows”, Xavi Daura y Esteban Navarro, más conocidos como Venga Monjas (el primero actuando y el segundo a cargo de la música), los créditos de Manuel Bartual, o el póster de Joan Cornellà. Es muy probable que a mucha gente estos nombres no le digan absolutamente nada, pero podría considerarse que son importantes alicientes para el reducido público objetivo que tiene esta película. Lo que parecían interesantes ingredientes resultan no ser sino ganchos publicitarios de un producto mediocre.

La tesis de la película es tan anecdótica y está tan mal desarrollada que Taller Capuchoc resulta más aburrida que un gameplay de Minecraft. Sin ir más lejos, en los créditos iniciales vemos que la película está basada en este artículo escrito por el propio Carlo Padial. Os lo resumo: los talleres de escritura no sirven de absolutamente nada y están llenos de gente idiota y egocéntrica incapaz de ganarse la vida. Una película basada en un artículo que puede resultar hasta simpático, pero en el cual no soy capaz de ver la necesidad de convertirlo en un largometraje. Y mucho menos de esta manera, sin ningún argumento por mínimo que sea y con unos personajes tan vacíos y mal diseñados.

Técnicamente la película es tan amateur que ni siquiera vale la pone ponerse a analizar objetivamente su valor cinematográfico. Los planos son feos y temblorosos. Se trata de la fuente de Duchamp hecha película. Sé que al principio dije que me encanta el humor absurdo y ahora va a parecer que era una burda mentira, pero puedo asegurar que no. Supongo que tengo un límite, puesto que me ha resultado imposible conectar con la película. Yo pensaba que mi sentido del humor era extremadamente raro, pero resulta que hay gente a la que Taller Capuchoc le ha gustado.

Taller_Capuchoc

Una onírica historia de amor

En segundo lugar, una película que me ha cautivado, Todo parecía perfecto de Alejo Levis, quien arriesga y gana. Si eres capaz de obviar la algo impostada actuación del protagonista, me atrevería a decir que es una cinta sublime.

Un tipo sueña con una mujer y trata de recrear de manera exacta todos los factores y detalles que se dieron en el sueño para así, de algún modo, “invocar” a la chica. Con este punto de partida y tras habérsenos recordado que “todo es una ilusión”, sueño y realidad se mezclan de manera sensible y profunda en una historia de amor en la que, entre otras cosas, se reflexiona sobre los recuerdos, las coincidencias y la forma en la que nos contamos nuestro propio pasado. Todo parecía perfecto no sigue el típico recurso del género fantástico, muy atribuido de manera merecida a Christopher Nolan, de sobreexplicarlo absolutamente todo, sino que en lugar de llevarte por este viaje de la manita y darte todos los elementos triturados, te deja que pienses por ti mismo. ¿Y por qué todo debería tener siempre sentido? El resultado en Todo parecía perfecto es una historia melancólica y surrealista con personalidad de sobra como para que no sea necesario compararla con el ¡Olvidate de mí! de Michel Gondry.

Capítulo aparte merece la fotografía de la película, así como la sensibilidad de los bellos planos exteriores. Todo está construido con calma y mano firme. En conclusión, este primer trabajo de Alejo Levis, resulta muy evocador y deja poso, por lo que recomendaría la película a todo aquel que tenga la posibilidad de verla.

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