Atlantida Film Fest 2015 (II): el cine que vino del Este

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Pese a su limitada producción y su aún más escasa presencia en la cartelera española, durante los últimos años se ha podido constatar una evidente revitalización de las cinematografías de Europa del Este. Títulos de realizadores polacos, húngaros, rumanos y rusos han triunfado en festivales internacionales, obtenido prestigiosos galardones y conquistado a la crítica. Por tanto, no sorprende la inclusión de varios títulos provenientes de esa parte del viejo continente en los diferentes apartados del Atlantida Film Fest. Algunos son grandes trabajos, otros resultan fallidos.

Entre las propuestas dignas de aplauso figura en la sección oficial el quinto largometraje del director polaco Wojtek Smarzowski, Traffic Department. Incomprensiblemente, han hecho falta dos años para ver en nuestro país esta cinta sobre un agente del corrupto Departamento de Tráfico de Varsovia acusado de un crimen que no ha cometido. Con un estilo próximo al documental gracias a la bien integrada combinación de imágenes grabadas mediante nuevos dispositivos como los teléfonos móviles y una cámara en mano, el cineasta lanza una mirada crítica, desencantada y desesperanzada a la corrupción de su país.

El complejo retrato dedica el primer tercio de su metraje a mostrar el día a día de la unidad en un tono realista y sin idealizaciones similar al empleado en la serie estadounidense Southland, aunque en esta producción polaca los sobornos, el alcohol, las drogas y el sexo tienen mayor presencia. También se podrían establecer paralelismos con la estupenda Grupo 7, de Alberto Rodríguez, y sobre todo, con The Wire, pues el discurso de Smarzowski se asemeja bastante al de David Simon: el sistema, con sus fallos crónicos, se impone al individuo que intenta actuar para buscar soluciones.

Si bien estos elementos permanecen durante el resto del metraje, a partir del segundo tercio en el que se introduce la premisa clásica de un hombre perseguido por un delito que no ha cometido, Traffic Department se convierte en un intenso thriller al más puro estilo de la saga Bourne con huidas y búsqueda de respuestas por parte del protagonista para demostrar su inocencia. El estilo natural de las interpretaciones es otra de las virtudes de esta denuncia de la corrupción llena de tensión, intriga y ritmo perfectos.

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Menos elogios merece la cinta georgiana del director Levan Koguashvili Blind Dates, también en la sección oficial. Con lejanas influencias de Aki Kaurismaki en la aparente pasividad y las miradas perdidas de sus personajes, así como en un ocasional humor seco y absurdo, este realizador de enrevesado apellido narra la historia de Sandro, un profesor cuarentón de Tbilisi que todavía vive con sus padres. Junto con su amigo Iva asiste a citas a ciegas, aunque el amor surgirá de forma más próxima e inesperada y dará lugar a un peligroso enredo.

Con una cámara fija durante gran parte de la película y planos de larga duración, Koguashvili imprime un ritmo pausado y contemplativo que se queda en la superficie de sus personajes y guion. Incluso los protagonistas resultan seres lejanos y bastante tópicos cuando la cinta finaliza.

Tampoco ayuda la excesiva relevancia que sobre la mitad de la película adquiere una trama secundaria de delincuencia, violencia y robos, en contraposición con la línea argumental principal planteada como una historia de aislamiento y dificultades para las relaciones. Si bien la subtrama resulta fundamental para la resolución del conflicto personal, no es menos cierto que se podría haber conseguido el mismo efecto con menos planos sobre los bajos fondos de Tbilisi. Al final, ninguna de las dos historias se desarrolla en toda su extensión y Koguashvili entrega un trabajo distante y vacío. Las buenas intenciones del realizador no llegan a materializarse.

En la Plaza de la Independencia   

En la sección (Anti)Propaganda, dedicada a los documentales, los programadores del Atlantida Film Fest han incluido Maidan, nuevo trabajo de Sergei Loznitsa (En la niebla) presentado fuera de competición en Cannes 2014.

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Al más puro estilo del cinéma vérité, los acontecimientos que tuvieron lugar en la Plaza de la Independencia de Kiev entre finales de 2013 y principios de 2014 se registran con planos largos, lograda fotografía a partir de una cámara estática y ausencia de voz en off. Quien aprecie esta forma documental disfrutará con la propuesta. Para los demás, resultará un filme especialmente pesado y largo.

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