Sexo fácil, películas tristes | Entre la vida y la obra.

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Por Jorge Aceña

“La realidad siempre supera a la ficción”. Al saber la cantidad veces habremos dicho u oído esta frase. En todo momento contamos con una necesidad de evasión que altere nuestra percepción del día a día, elaborando un paralelismo ficticio de nuestra propia existencia a modo de camuflaje, de coraza ante las amenazas y fatalidades que inundan la dimensión mundial. Diversos lenguajes engloban este moral y humanístico escapismo, ya sea literario; surrealista; cinematográfico; musical etc. Sea cual sea, se presenta como una palanca vitalicia de imaginación tan apegada a nuestro subconsciente que, ante la privación de ésta, se sabotearía la felicidad y creencia de cualquiera de nosotros. La carencia de nuestro particular submundo, totalmente irreal y fantasioso, nos convertiría en seres infelices y reticentes, incapaces de acomodarnos al modelo natural y atrapados por la oscuridad mundanal fría e insalubre.

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En mayor o menor medida, este es el tema que trata “Sexo fácil, películas tristes”, la ópera prima del guionista argentino Alejo Flah. Una comedia romántica que cuenta con la particularidad de superponer dos historias ficticias –una principal que viene a ser la vida del autor y otra que surge de su invención, es decir, la obra del autor– e intentar eximir una de ellas como ocurrente apariencia de lo autobiográfico. El reflejo del propio director (Alejo Flah) en su intento de construcción de la película se ve proyectado en el carisma del protagonista (Ernesto Alterio) y en su propósito de dar forma al guión lleva a cabo. El resultado  es un ingenioso ejemplo de cómo la realidad y ficción se mezclan, pero sobre todo, es una película que busca manifestar –desde una perspectiva que entra dentro de lo ficticio– lo engañosas e irreales que pueden llegar a ser las películas (en este caso, las rom-com).

Pablo es un director de cine que recibe una oferta: escribir el guión de una película romántica. Parece sencillo, Pablo conoce muy bien el género y sabe lo que le conviene a este tipo de historias; Sin embargo, la vida amorosa de Pablo es un desastre y sus relaciones sentimentales, un tanto farragosas, se entrelazan con el guión de su película, por lo que entra en una crisis que le impide avanzar. De este modo, cada aspecto que cambia de la vida de Pablo, afectará a la historia que está escribiendo, dando lugar a una combinación de realidad y ficción en toda regla.

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Se le pueden achacar defectos de previsible, insustancial, que abusa de los tópicos y clichés de las rom-com (incluido el papel siempre similar de Quim Gutiérrez), de superficial…pero es lo que la película pretende. Afortunada pretensión. El tono irreal elevado a la máxima potencia forma parte del juego, siendo sin duda un instrumento imprescindible de manejar para dar con el significado en el que Flah se refugia: Subrayar la falsedad de las películas. No es una película superficial sino bastante astuta por su planteamiento, aunque a veces resulte un poco burda al tratar de disimular sus carencias entre las singularidades tópicas de las comedias románticas a las que satiriza.

“Sexo fácil, películas tristes” es una película interesante, sencilla, agradable y amena. Una historia que vaga entre la realidad y la ficción, entre la vida y la obra de todos aquellos que dedican su vida a contar historias. En ella aguarda un valioso mensaje: “No dejemos de soñar, pero ojo, siempre con los pies en el suelo”.

ESTRENO: 24 DE ABRIL

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