Regreso a Ítaca | El camino de Ulises o la epopeya atemporal.

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Por Manuel Lorenzo

Parece que el tiempo se dilata. Los sentidos se agudizan: el sol es más brillante, las risas más sonoras, el ron y el tabaco deleitan el paladar más que en cualquier otro sitio. Cuba. La vida sigue un ritmo diferente. Tranquilidad y optimismo se respiran sin necesidad de forzar la inspiración, mientras que espirar ampliamente no es síntoma de desasosiego, sino de relajación. Bien lo sabe Amadeo, cubano que vuelve a La Habana tras 16 años de exilio en España. Viene en busca de un estado mental que perdió bastantes años atrás, cuando su camino y el de Cuba tomaron rumbos diferentes. Sin embargo, como reza el dicho, todo tiempo pasado fue mejor.

Cinco viejos amigos se reúnen en una azotea de La Habana al atardecer. Tienen una fuerte motivación: Amadeo ha regresado a la ciudad. En este escenario, que por su configuración y unidad espacial recuerda a una obra de teatro, Laurent Cantet nos presenta Regreso a Ítaca, un compendio de historias cubanas contadas por cubanos.

El realizador francés, ganador de la Palma de Oro en Cannes por su filme La clase (2008), conoce y forja fiel alianza con el escritor cubano Leonardo Padura durante el rodaje del corto La fuente, preludio de Regreso a Ítaca y fragmento de la película 7 días en La Habana. A raíz de esta relación, Padura interviene en el último trabajo de Cantent, con una colaboración en absoluto nimia: nutre su guión, además de ser una de sus obras, La novela de mi vida, la chispa que inspira la aparición del proyecto.

Como Ulises cuando llega a Ítaca tras dos décadas lejos de su hogar, Amadeo no puede, o no quiere, prever lo que va a encontrar en su querida Habana. Poco a poco, y uno a uno, vamos descubriendo las vidas de los cinco amigos que van a compartir esta singular velada. Todos han conocido de primera mano el desgaste del paso del tiempo en los ideales de juventud. Ideales políticos y personales de una generación que un día sintió el poder de levantar Cuba con sus propias manos. Verdades punzantes e historias inéditas saldrán a la luz, quedando todavía espacio para el recuerdo de las historias, juergas y melodías que marcaron sus mejores años.

Un recorrido por vidas con nombre y apellidos concretos. Aun así, la universalidad de los dilemas que se tratan permite realizar un ejercicio de alienación: la identidad, en este caso, es tangencial. Junto al paso de los años llega el momento de colocar la mirada en retrospectiva. Debemos mantener la mente abierta y atentos los oídos. Entre risas, reproches y sentimientos, el amanecer se posa sobre La Habana.

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