La Sombra del Actor | Bienvenidos a “este vasto manicomio”.

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Por Pedro Gallo

Decía Shakespeare en El Rey Lear que “al nacer, lloramos  porque entramos en este vasto manicomio”. Un manicomio que alberga a personajes como Simon Axler, un actor devoto del dramaturgo inglés que de manera repentina pierde el interés por actuar y su exquisita capacidad para ello, ahondando así en un profundo pesimismo que lo lleva al borde del suicidio. Shakespeare ha sido de gran importancia además de para Simon Axler, para el propio Al Pacino que lo interpreta. Recordemos que dirigió Looking for Richard (1996) e interpretó a Shylock en El mercader de Venecia (2004), lo que es muy probable que lo animara a lanzarse con este peculiar personaje (¿en el que tal vez se ve reflejado en un aspecto u otro?).

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Quien en su día fue Michael Corleone o Tony Montana, protagoniza la nueva película de Barry Levinson (Good Morning Vietnam, Rain Man) en el papel de Simon Axler -que eclipsa por completo a todos los secundarios– en una película que ha tenido la mala fortuna de coincidir en el tiempo con Birdman. A diferencia de la película de Iñárritu, La sombra del actor se centra más en la degradación personal que en el propio teatro, que si bien articula junto con la capacidad para actuar todo lo que sucede, está bastante ausente en un guión muy irregular. La trama le resultará familiar a más de uno, pero lo cierto es que esta película y Birdman circulan por carreteras muy distintas… juzguen ustedes si ambas carreteras llevan al mismo destino.

Los mencionados personajes secundarios son una joven mujer homosexual (Greta Gerwig) -hija de una vieja amiga y compañera de Axler (Dianne Wiest)– que a pesar de tener una relación estable con otra mujer, desde pequeña ha estado obsesionada con el actor. Ambas ofrecen unas actuaciones correctas y tal vez algo insípidas, muy lejanas al magnetismo de Pacino, que a sus ya 74 años, se mantiene en plena forma. Gravitan también alrededor del protagonista su psicólogo, una mujer que se ha cambiado de sexo y otra que quiere deshacerse de su marido a toda costa.

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 La película podría estar casi construida como un monólogo de Axler, y sus escenas están muy bien hiladas. El guión tiene sin embargo muchos altibajos, con múltiples momentos simpáticos e interesantes y muchos otros en los que, por el contrario, desconectas inconscientemente. Por ello pienso que es muy probable que la película no haga justicia a la novela de Philip Roth en la que está basada. El resultado es, aún así, aceptable.

 Los delirios del protagonista de La sombra del actor no se construyen sobre imponentes efectos especiales, sino que la dicotomía entre lo real y lo que es producto de su mente no está clara en todo momento. Por otra parte, en lo que se refiere al apartado técnico, la película no resulta especialmente apabullante pero igualmente cumple.

En síntesis, la película es bastante entretenida y graciosa en muchos momentos. La actuación de Al Pacino es sin duda su punto más fuerte, y  da como resultado un filme disfrutable pero que sin embargo se queda cojo en muchos otros aspectos; especialmente un guión no demasiado bien construido. En mi opinión, haciendo balance sobre lo visto en la película, creo que pese a todo merece la pena dejarse llevar por esta cinta, en la que hay lugar para la depresión, la venganza y el sexo. Hace que me pregunte cuándo y por qué genera sombra un actor ¿cuando se acerca a una fuente luminosa? No siempre. Acércate a Shakespeare y lo más probable es que arrojes una prominente sombra. Una sombra tan grande que puede terminar por engullirte. Bienvenidos a “este vasto manicomio”. El mundo entero es un teatro.

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