La mecánica del corazón | Belleza audiovisual

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Por Claudia Solis

El cine de animación francés está haciéndose cada vez más hueco en el panorama cinematográfico internacional. Y es que, si bien la mayoría de sus películas no son tan conocidas, es capaz de presumir de numerosas creaciones de bastante calidad. Ejemplo de ello son El Ilusionista, Persépolis Bienvenidos a Belleville; todas con grandes aclamaciones por parte de la crítica. La mecánica del corazón, no obstante, se trata de una película muy diferente a las que acostumbraban a hacer en Francia, con una animación muy tradicional (al menos las que han tenido éxito). Esta película, sin embargo, supone el paso al 3D definitivo. Un monstruo en París ya lo intentó en su momento, y casi lo consigue; aunque su realización en este formato fue buena, su guión, argumento -lo que fuese- carecía de algo que convenciese al público. La mecánica del corazón ha logrado su cometido, y merecidamente, estrenándose en numerosos países e incluso contando con una versión doblada al inglés

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Este largometraje dirigido por Stéphane Berla cuenta la historia de Jack, un niño que nace en Escocia el día más frío del mundo, lo que hizo que su corazón se congelara. A modo de arreglo, su madre adoptiva le instala un mecanismo a base de un reloj en el corazón, el cual le permite que siga bombeando. Sin embargo, para que este reloj-corazón siga funcionando, Jack debe seguir tres reglas: no tocar las agujas del reloj, dominar su cólera y, lo más importante, no enamorarse jamás. Pero, como era esperar, un día conoce a una pequeña cantante española de la que se enamora perdidamente. Esto le llevará a un intrépido viaje hacia Andalucía con el fin de conquistar a Miss Acacia, muy a pesar del peligro de muerte que corre. Sin duda, una historia que recuerda a las de Tim Burton, ¿verdad? Pues es innegable que la atmósfera tenebrosa que envuelve a toda la película, al igual que su argumento y personajes, tiene claramente tintes burtonianos.

La mecánica del corazón, me ha parecido una genialidad, de principio a fin. Los bellos temas de Dionysos endulzan toda la película, al igual que lo hacían en el libro; es curiosísimo ver como los personajes cantan las mismas canciones que antaño representaron en tu imaginación. Por esto los lectores de Malzieu la disfrutarán mucho más, pero esto no implica que deje de ser una maravilla para los demás. El film reboza ternura por todas partes, y su ritmo hace que sientas interés por saber que ocurrirá con el pequeño Jack. En cuanto a los personajes, cada uno es más peculiar que el anterior. Además del protagonista con su reloj-corazón y de su madre, la cual tiene por costumbre reparar a las personas, encontramos la cantante de flamenco que no para de tropezarse con todo, el temible Joe con sus aires de gigante abusón, o incluso a los mismísimos Georges Méliès o Jack el Destripador, quienes convierten a la cinta en un espectáculo no solo para niños.

Si nos ceñimos al libro, no es precisamente una buena adaptación de él, ya que algunas de las cosas más relevantes de la historia no ocurren de la misma forma. En el largometraje, el modo en que Joe y Miss Acacia se conocen es diferente. Sin embargo, esta nueva forma de conocerse da mucho juego a la historia. Es un punto de vista diferente. La otra cosa relevante que han cambiado, y que sí que puede enfadar a los fans de la novela, es el final. Es un final completamente diferente e inesperado, por lo menos para mí. Pero aun así, este final me ha parecido de lo más acertado. El cierre del libro me dejo vacía y por un lado me pareció inconcebible. Por otro lado, el final de la película me ha resultado más interesante y emotivo que el del libro. Al ser una película dirigida a un público infantil, ya me esperaba que no fuera a acabar como este. Sin embargo, me esperaba cualquier cosa menos lo finalmente empleado. Pero como ya he dicho, me parece un buen final, incluso me atrevería a decir que lo prefiero al de la novela.

En conclusión, La mecánica del corazón es una adaptación que no sigue todos los detalles del libro a la perfección, pero que, quitando el final, deja la misma idea. La recomiendo a todo tipo de público, ya que la gran aventura de Jack fascinará tanto a los que han leído el libro como a los que no; tanto a adultos como a los más pequeños. Y recuerda: “Si tienes miedo de hacerte daño, aumentas las probabilidades de que eso mismo suceda. […] Si te pasas la vida procurando no romperte nada, te aburrirás terriblemente… ¡No conozco nada más divertido que la imprudencia!”.

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