Pasolini | La pasión de Pier Paolo.

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Por Jorge Aceña

Desde una oscura sala de montaje y bajo la supervisión de varias ráfagas que corresponden a “Saló o los 120 días de Sodoma”, emerge la figura de Pier Paolo Pasolini. Como si de una fuente inagotable de meditación y de plausibles correspondencias con terceros se tratase, la poderosa voz de un hombre apegado a la revolución del arte y la trascendencia moral resuena solemne ante las preguntas de los interesados montajistas. La incuestionable admiración de Abel Ferrara, junto con el deseo de éste por sucumbir a la dignificación y distinción del genio italiano por encima de esclarecimientos y reacciones sobre el propio filme son el resultado de “Pasolini”, una búsqueda intuitiva, respetuosa y onírica  a través del último recorrido existencial del artista.

Resaltando la película como modelo biográfico atípico, asiduo constante en cuanto a extrañeza y de una narrativa chocante en relación al cuestionamiento poético y lírico, la total vehemencia de Abel Ferrara no está de su lado y le juega una mala pasada. Con la mente enfrentada, dubitativa entre un homenaje que segregue magnificencia por cada poro y la intención de provocar un escándalo a la altura del homenajeado, Ferrara concluye con una equívoca emulación en cuerpo y alma de su amado referente, un intento fallido por causar impacto mediante imágenes con germen de provocación concluyentes en el utópico paraje del sueño. Así, esa búsqueda de un retrato onírico y trascendental, con un prioritario posicionamiento sobre las fantasías y pensamientos del autor no terminan de resultar del todo convincente, haciendo que la figura de Pier Paolo Pasolini quede totalmente descentrada.

Estamos ante una película pasional en toda regla, hecha desde la pasión y sobre la pasión, valga el juego de palabras. Los fragmentos se corresponden con las últimas horas de Pasolini, ligados –como en gran parte de su obra– a una cierta connotación religiosa. Este dualismo religioso queda ligado al encuentro de Pasolini con sus seres queridos, al aislamiento hacia lugares en busca del sentido de su existencia, de su interior, hasta el fatal desenlace. Con una cruz –en sentido metafórico– que arrastra la polémica de toda una vida, va a parar a aquella desértica playa donde sus verdugos, con una crueldad y salvajismo exacerbados, no hacen más que mitificar la personalidad del revolucionario del arte por excelencia.

ESTRENO: 19 DE MARZO

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