Niñas de fuego.

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Un artículo de Carlos Fernández

-«Eres una niña caprichosa y tonta ¿verdad? +Sí. -¿Y qué más cosas eres? +Guapa.» Este diálogo de la película de Carlos Vermut, Magical girl, muestra un claro ejemplo de la seducción ejercida por el mal, o según la película el mismísimo demonio que es uno de los 3 enemigos del alma junto al mundo y la carne según la biblia. Bárbara es una de las dos niñas de fuego protagonistas de la película, una cara de una misma moneda. Una cara que ofrece oscuridad y otra que ofrece luz, en este caso el de la niña enferma de leucemia: Alicia. Alicia es el amor más puro que no es egoísta, ese amor que siente una niña por su padre y viceversa, un amor incondicional y Bárbara es el amor insano que destruye todo ser humano que toca y que sobre todo, se destruye a sí misma. Bárbara lleva una marca de su propio dolor en la frente durante casi toda la película, una marca de su propia autodestrucción, de su inestabilidad mental y de su mayor miedo: estar sola. De esta manera, como si de una araña en busca de una mosca que comerse, Bárbara estará dispuesta a ejercer su poder de manipulación, persuasión y obsesión contra todo aquel que se cruce en su camino en una red vital de mentiras, sexo y mucha violencia.

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Magical girl plantea el amor como la asignatura pendiente del ser humano y la más peligrosa también. Entregar el corazón por amor es una cosa y entregarlo por dependencia es otra, y en la película vemos por parte de los dos lados. Una frase de la anterior película de Vermut decía: “El problema de la gente en general es que tiene la necesidad de comprenderlo todo, por eso eres débil Lola. Porque tratas de comprender cosas que no tienen explicación” Esta frase resume todo el universo del director que trata de contextualizar la vida de sus personajes en una España que se debate entre lo pasional y lo racional, entre el impulso, el instinto y la razón. El resultado de este contexto en el que vivimos los españoles crea, al igual que nos advirtió Goya en su grabado: “El sueño de la razón puede crear monstruos”, monstruos románticos que sienten placer ante la violencia, la destrucción y el lamento de perder el amor más que el de disfrutarlo en sí mismo. De este ejemplo se podrían recordar citas Nerudianas como “Que corto es el romance y que largo el olvido”. Y es que, Vermut, trata un tema tan español como muchos artistas de este país han sabido retratar con máxima maestría antes que él: La máxima aspiración romántica se basa en el amor no correspondido por qué solo en la tragedia puede sentirse amor, a diferencia de los enamorados que sienten únicamente felicidad.

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Alicia, la segunda niña de fuego, es al contrario que lo que predecía Neruda, Goya y ahora Vermut,  una luz en un mar de oscuridad. Fue Nietzsche quien dijo que la vida debía de mirarse desde los ojos de un niño pequeño, que son quienes de verdad saben disfrutar de la vida. “Ya no tengo miedo de los hospitales, me gustan los pasillos, el olor, la comida y las agujas ¿Sabes por qué? Porque tú estás conmigo papa”. Alicia, enferma de leucemia, quiere a su padre y este a ella pero este no sabe corresponder su amor como ella desearía en el fondo. A pesar de todo, el amor del padre por su hija y viceversa no tiene límites en esta tragedia lorquiana llamada Magical girl. Sin embargo, será el amor insano el que destruirá todo tipo de luz y resplandor en esta historia que muestra una España donde el amor se confunde con la obsesión y la obsesión se esconde bajo la alfombra “creando monstruos”.  Siempre que haya un rayo de esperanza vendrá un idiota que querrá destruirlo ¿Por qué esa insistencia humana en destruir la felicidad de los demás? y lo más preocupante…¿destruir la nuestra? . La violencia nos gusta instintivamente, forma parte de nosotros y somos violencia igual que somos luz. Luz y oscuridad son dos caras que todos poseemos y en España estamos en medio de esa moneda sin saber cuál es nuestra inclinación. Nuestra identidad cultural española, referida habitualmente a lo “pasional”, es una identidad que nosotros desconocemos o de la que no sabemos si formamos parte o no, únicamente por qué no siempre nos sentimos los más fuertes como solemos vender con una máscara.

Magical girl, recordando la estela de Luis Buñuel o Carlos Saura, es una película que, a través de cine negro,  habla sobre lo insano, lo inestable y la búsqueda de felicidad en un mar de perdición sentimental española. Al ver a  Bárbara, que ve su reflejo partido en mil pedazos debido a su propia mano,  debemos pensar que sacar de su trágica historia y de todos los hilos que se mueven a su alrededor. Si nos sentimos rotos no hay que tratar de arreglar el espejo, pues nos podemos cortar, debemos tratar de arreglar nuestro reflejo, nuestra identidad y buscar la felicidad en los sitios más adecuados para ello y no donde no debemos, que también es, por cierto, una actitud muy española. Oscar Wilde escribió en De profundis que la razón proporciona felicidad pero que un instante de irracionalidad puede darnos el máximo placer. Teniendo en cuenta esta frase llegamos a la conclusión de que la vida y la felicidad no es fácil pero provocarse daño a uno mismo sí, sobre todo cuando echamos la culpa a los demás de las desgracias que nos auto inducimos a nosotros mismos. La inteligencia por definición consiste en la capacidad de elegir la mejor manera de resolver un problema y si aspiramos a algo más que a sufrir por los problemas pasados o pasajeros nos daremos cuenta de que estos no son un problema,  sino nuestra propia historia y no un cuento para no dormir como pensamos.

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