Leviatán | Abuso de poder.

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Por Jorge Aceña

“¿Sacarás tú al Leviatán con el anzuelo, o con cuerda que le eches en su lengua?” Job 41:01

De las profundidades de un mar enfebrecido, Barents, al norte de una gélida y decreciente Rusia, asoma una bestia marina como instrucción metafórica del asolador reflejo que consterna a los habitantes de un país adverso. La obertura  paisajística, compuesta por varios planos que muestran los acantilados, arrecifes y la violencia del mar que arrecia contra las rocas, también forma parte de la alusión simbólica entre el espacio y el conflicto generacional, inmerso en un mismo contexto. Sabemos que cada imagen es de suma importancia para descifrar el verdadero significado de la misma cuando conocemos al hombre que está detrás de la cámara, Andrey Zvyagintsev.

El estilo que define al realizador es perfectamente identificable debido a su carácter simbólico, técnico y vanguardista. La precisión y sobriedad con la que el ruso filma cada una de sus películas le asemeja directamente con el cine de su compatriota Andrey Tarkovsky, al que admira profundamente, según cuenta el propio director. Son solamente cuatro las películas realizadas por Zvyagintsev, pero todas ellas son muestras perfectas de un cine espiritual y profundamente bello, libre y trascendental, genuino y bucólico. Al igual que pasa con el cine de Tarkovsky, el poder visual de ambos cineastas es tan grande que sus películas son consideradas como poesía cinematográfica.

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Relaciones tortuosas y matrimonios intrincados, movimientos pragmáticos para enjuiciar fatalidades, concepciones sociales sobre la moralidad de derechos universales…Desde la ópera prima y magna “El Regreso”, el cine de Zvyagintsev ha jugado siempre con el poso al colocar al espectador en su relamida encrucijada y obligarle a juzgar, frente a situaciones límite, qué es lo políticamente correcto en cada caso. En “Leviatán”, un insólito melodrama tergiversado con ramalazos de suspense y humor negro, la insistencia simbólica como resultado a una visión irónica, estremecedora y crispada de la Rusia actual, brilla en todo momento gracias a la reinvención narrativa y al poderoso estilo que envuelve el sello de un desde ya, consagrado director.

En un pueblo al norte de Rusia, Kolia vive junto a su mujer e hijo en una casa frente al mar de Barents. Kolia tiene junto a su casa un pequeño taller con el que mantiene a su familia. El alcalde del pueblo, Vladim, un ser despreciable que cree tener el poder del pueblo, con el que actúa con total impunidad, pretende arrebartarle a Kolia su casa y sus terrenos.

Quizás, la película del cineasta que más se parezca a “Leviatán” sea “Izgnanie”, tanto por su forma como por la creación de una atmósfera de hostilidad, al igual que de un contenido similar donde los propios personajes son obstruidos por una fuerza interior no definida. “Leviatán” achaca la  indignante visión de un panorama real que atenta contra la dignidad y malogra el concepto de humanidad de una forma rastrera y descorazonadora. La idea equivocada de imposición súbita sobre un pueblo o particulares es el terrorífico planteamiento de la película, sin desprenderse de la reflexión que vaya más allá de la ficción con el fin de no desviar la mirada del conflicto latente. No obstante, Zvyagintsev sigue sin dar con la tecla exacta, tecla que le haga realizar la película perfecta, ya que la complejidad y la tumultuosa densidad con la que elabora la trama hagan que sea difícil entrar de lleno en la película.

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El resultado de “Leviatán” es de una fotografía y dirección brillantes, un tratamiento del espacio, de encuadres y movimientos de cámara fascinantes, un guión absorbente y de un desarrollo narrativo impecables, pero sobre todo, “Leviatán” es el estremecedor y cruel reflejo del panorama ruso actual. También es la consagración de su director, Andrey Zvyagintsev.

ESTRENO: 1 DE ENERO

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