Cómo después de la tormenta llega la calma.

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Por Manuel Lorenzo

Como cada año, el invierno acecha. El fin de una estación antecede el comienzo de una nueva. Pero esta transición no pasa inadvertida. Los más jóvenes se colman de emoción y nerviosismo, las tiendas de dulces y disfraces preparan sus productos de gala, los portales online de cine ultiman los preparativos para acoger a sus fieles espectadores. La noche del 31 de octubre está llegando; Halloween se encuentra a la vuelta de la esquina.

Aunque pueda creerse que esta festividad nació del incansable afán comercial norteamericano, sus raíces son mucho más ancestrales y geográficamente apartadas. Su origen proviene de una celebración celta denominada Samahín (en irlandés antiguo: fin del verano). El fin de la misma era festejar el fin de la temporada de cosechas en la cultura celta, así como el “año nuevo celta”, que comenzaba con la estación oscura.

Sin embargo, según esta cultura, otro suceso más acompañaba la llegada de esta fecha, una tenebrosa teoría vivía en las consciencias célticas. Este antiguo pueblo creía que durante el Samhaín la línea que une este mundo con el Otro Mundo, el de los muertos, se estrechaba permitiendo que los espíritus pasasen a través. El problema radicaba en que no podían preveer las intenciones de estos entes que cruzaban. Las de algunos serían buenas, las de otros no. Consecuentemente, se piensa que comenzaron a emplear trajes y máscaras con el objetivo de adoptar la apariencia de un espíritu maligno y así evitar ser dañados. Intimidación. Atacar mediante el arma del que te defiendes. Aunque nuestra concepción del Halloween dista mucho de la que del Samhaín se tenía hay, entre ambas, una base común: el miedo.

Una situación extrema, un precipicio, una araña, un espacio angosto, la muerte, la oscuridad… Todas son situaciones que pueden producir una misma sensación: miedo. Dependiendo del grado y la claridad de la amenaza, existen diferentes maneras de referirnos a él: temor, escrúpulo, aprensión, fobia, terror. En los albores de la especie humana, fue un mecanismo útil para nuestra supervivencia, nos ayudaba a anticipar los peligros del día a día. No obstante, el desarrollo de las sociedades y culturas introdujo, de forma paulatina, distintas ideas en el imaginario colectivo, a modo de explicaciones de la realidad o de simples relatos infantiles para mantener a los más pequeños alejados del peligro, que empezaron a configurar temores infundados en muchas personas y civilizaciones. Este hecho fue empleado conscientemente por religiones o políticos para satisfacer sus intereses. Asimismo existe otro colectivo que eligió jugar con esta sensación, se sirvió de ella para dar forma a sus obras y, como si de ilusionistas actuaran, pretendieron engañar los sentidos del hombre ¿con qué aspiración?

Artistas, más en concreto cineastas, y, especialmente, Alfred Hitchcock. Un colectivo ejemplificado en una personalidad: Hitch, el maestro del suspense. El director británico fue uno de los más aclamados y respetados de la historia cinematográfica. Inició su carrera en el cine clásico y terminó innovando el género. Experimentó y ganó. Suyo es el mérito de lograr introducirse en las mentes de los espectadores para anticipar sus reacciones y, de esta manera, sorprenderlos profundamente con los inesperados giros de sus películas.

Cabe hacer una mención especial a su filme más conocido: Psicosis (1960). En él, la capacidad de Hitchcock para introducir el miedo en el cuerpo del público se hace patente. La trama gira en torno al robo, por parte de una mujer, de dinero propiedad de su jefe y la posterior desaparición de la misma. Al comienzo de la historia, el espectador tiene información privilegiada en relación a los sucesos que ocurren, pero, a medida que la narración avanza, los hechos se vuelven cada vez más confusos. El público se conciencia de que hay información omitida y se esfuerza en plantearse hipótesis que satisfagan su curiosidad. Los planos subjetivos nos conducen hacia una mayor identificación con los personajes, por lo que, inconscientemente, se produce un acercamiento a las emociones vividas por ellos. La incertidumbre, una peculiar música, secuencias en las que intensos cambios de ritmo se suceden; todo influye para crear una atmósfera tan desconcertante como sobrecogedora. Cuando todas las piezas del rompecabezas se juntan trepidantemente ante los ojos del espectador la verdad se convierte en un terrorífico golpe que impacta sin previo aviso. El miedo queda inscrito sobre los negativos de la cinta.

El cine juega de este modo con el miedo de la gente. De esta sensación surgen fiestas como Halloween, que se convierten en populares y esperadas por multitudes. ¿Con qué objetivo? Análogamente a como ocurre cuando despertamos de una pesadilla, una profunda impresión de excitación nos recorre para, acto seguido, dejar sitio a una reconfortante realidad: nada malo ha sucedido. Sin embargo, nuestros niveles de adrenalina en sangre se han disparado, nuestro corazón bombea a una velocidad incontrolable; nos sentimos vivos, estamos vivos. Disfrutad de un feliz y emocionante 31 de octubre. No me cabe duda que así será.

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