Home / Otras Críticas / La Pasión de Juana de Arco | Porque una imagen (y mirada) valen más que mil palabras.

La Pasión de Juana de Arco | Porque una imagen (y mirada) valen más que mil palabras.

Por Jorge Aceña

Indiscutible obra magna de la historia del cine, “La pasión de Juana de Arco” ha sido, es y será para siempre la perfecta y sublime `sinfonía de primeros planos´  que componen un clásico absoluto. Indiscutible es también el puesto que ocupa Carl Theodor Dreyer en la historia, un genio como pocos, capaz de crear monumentos artísticos priorizando la calidad ante la cantidad. La odisea de esta película merece ser contada una vez más, ya que gracias al peculiar descubrimiento de su negativo (como si de un milagro se tratase) podemos deleitarnos con esta maravillosa lección de cine.

La-pasión-de-juana-de-arco-2

Tras el estreno de la película en Francia, la polémica no tardó en encenderse a través de las protestas por parte de nacionalistas franceses. Se pidió una remodelación de la cinta; Poco después, un incendio arrasó con el negativo original. Dreyer construyó de nuevo la película a partir de las tomas que no se habían seleccionado. El segundo negativo también quedo destruido por causa de otro incendio. A raíz de esta sucesión de daños, se pudo ver una versión totalmente cambiada sin el consentimiento del propio Dreyer. En 1981 y tras más de diez años de la muerte de su director, se encontró una copia del primer negativo original en una institución mental de Oslo. Nadie tenía ni idea de porqué esa cinta se encontraba allí. ¿Milagro? La gente puede pensar lo que quiera. En 1984, la Cinematheque Françoise restauró la película y recuperó una cinta tan grandiosa como su propia historia.

La película se centra en el proceso de Juana de arco, en el que es acusada de brujería. Tras un largo juicio, ella admite su culpa debido a las torturas y continuas vejaciones por parte de los procesadores, aunque ella se mantiene fiel a su idea de la divinidad como causa de sus actos. Finalmente es condenada y muere en la hoguera.

Recuerdo ver primero “El proceso de Juana de Arco” (1962) de Robert Bresson antes que la de Dreyer. En mi opinión, me pareció que los principios de Bresson atenuaban la carga emocional de la película en relación con otras como “Un condenado a muerte se ha escapado”. Le faltaba algo que un gran director como Bresson no supo captar. Cuando vi “La pasión de Juana de Arco”, quedé impresionado. La idea de Dreyer de poder contar y analizar a Juana no como una exaltación de la figura heroica sino como el interior de esa persona con total naturalismo es el verdadero artificio de la película.

la-pasión-de-juana-de-arco-3

La mirada transparente de René Jeanne Falconetti habla por sí sola. Cada plano del rostro de Juana es el reflejo del alma de un ser asfixiado por el miedo, por la derrota. Dreyer juega con primeros planos para resaltar la intensidad emocional vivida en el proceso, algo que no se podría haber narrado mejor. Cada imagen y mirada valen más que mil palabras.

“La pasión de Juana de Arco” es una película de inconmensurable belleza, totalmente diferente a las demás y por tanto, única en su especie. Es por ello que este retrato de la recta final en la vida de Juana de Arco ocupa un puesto privilegiado en la historia universal.

Por Jorge Aceña Indiscutible obra magna de la historia del cine, “La pasión de Juana de Arco” ha sido, es y será para siempre la perfecta y sublime `sinfonía de primeros planos´  que componen un clásico absoluto. Indiscutible es también el puesto que ocupa Carl Theodor Dreyer en la historia, un genio como pocos, capaz de crear monumentos artísticos priorizando la calidad ante la cantidad. La odisea de esta película merece ser contada una vez más, ya que gracias al peculiar descubrimiento de su negativo (como si de un milagro se tratase) podemos deleitarnos con esta maravillosa lección de cine.…

Resumen de Reseña

Calificación de la película - 100%

100%

Valoraciónes : Sea el primero!

Sobre Jorge Aceña Rincón

El cine lleva conmigo prácticamente desde que nací. De pequeño, y a escondidas, descubrí a directores como Leone o Coppola. Ver “Nosferatu” de Murnau antes que “Toy Story” dice mucho de todo esto. Me alimentaba de colecciones que llegaban a casa, alternándolas con Disney o demás dibujitos televisivos. En el momento que ví “La Naranja Mecánica” comencé a practicar la religión Kubrickiana. Enorme pasión por lo descubierto hasta ahora y enfermiza expectación por descubrir.