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El Acorazado Potemkin | Silencio: Una revolución que cambió el mundo.

Por Manuel Lorenzo

“¡Hurra!” se oía decir a los insurrectos rusos en 1917, año en el que se materializó la tan ansiada revolución del proletariado tras más de tres siglos bajo el yugo del régimen zarista. En las últimas décadas del siglo XIX la situación se había vuelto insostenible. Aunque la servidumbre acababa de ser abolida en 1861, eso no supuso una mejora en la calidad de vida; solo unos pocos se enriquecían mientras la gran mayoría de población atravesaba penurias para subsistir. La economía continuaba siendo arcaica, con una industrialización muy escasa, a la par que mal recibida por el campesinado, el cual se resistía a abandonar el rural. Su producción era notablemente inferior a la de otros países, hecho que no ayudaba a suavizar el caldeado aire que se respiraba en las ciudades, donde el proletariado se amontonaba, casi sin recursos, en busca de un nuevo oriente. Todo esto, fue dando pie, a comienzos del siglo XX, a pequeñas revoluciones encabezadas por diferentes sectores de la sociedad que, suspiro tras aliento, terminó por desencadenar la susodicha Revolución Rusa de 1917.

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Paralelamente, la visión, durante 1,66 segundos, del jardín de una casa situada en Leeds (Inglaterra) estaba produciendo estupor entre la multitud. Louis Le Prince, el artífice de tan singular hazaña, conseguía en octubre de 1888 lo que acabaría modificando nuestra forma de concebir el entretenimiento y la comunicación: realizar el primer montaje de imágenes en movimiento. En años sucesivos esta proeza fue repetida por otros pioneros, como, por ejemplo, Thomas Edison, los hermanos Lumière o Georges Méliès, a quien se le atribuye el mérito de ser uno de los primeros creadores de ficción cinematográfica, convirtiendo el cine en un producto atractivo para el gran público. Sin duda, existe una peculiaridad que distingue estas primeras proyecciones de los filmes que en nuestra época estamos acostumbrados a contemplar: hasta el año 1927 todas y cada una de las películas existentes en el mercado carecían de sonido sincronizado con la imagen. Este conjunto de nuevas creaciones, junto con todas las que más adelante fueron surgiendo, integran lo que a día de hoy se conoce como Cine Mudo.

Esta innovación revolucionó la sociedad en cuyo seno fue ideada, así como la subversión en Rusia mudó el signo del poder. Por lo tanto, no parecía descabellado pensar que estas dos novedades juntas cuajasen bien a la hora de buscar otra alteración que tuviera efecto en el sistema establecido, obteniendo un resultado inédito hasta la fecha. De esta manera las autoridades soviéticas encargaron al cineasta Sergei M. Eisenstein la importante tarea de emplear el cine como medio de difusión de una idea especialmente nítida: ¡viva la insurrección!, ¡viva el proletariado!, “¡Hurra!”.

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El resultado del director nacido en Riga vio la luz en 1925, y recibió el nombre de El acorazado Potemkin (Bronenosets Potyomkin). La historia se basa en un hecho que data de 1905, cuando un grupo de marineros del buque Potemkin decide amotinarse debido a las malas condiciones y tratos vejatorios a los que estaba sometido (aunque las causas reales aun no están claras a día de hoy). Este levantamiento es considerado como una de las situaciones que accionaron la maquinaria antizarista, suponiendo un precedente de la Revolución Rusa de 1917.

En esencia, como ya ha sido mencionado, la cinta tuvo una función principalmente propagandística. Su objetivo principal era el de conseguir la exaltación de la multitud, lograr que el pueblo sintiese orgullo de los valientes camaradas que habían iniciado un camino: el sendero de la libertad. Sin embargo, el celuloide no se ve reducido a ser una simple octavilla prorrevolucionario. Su gran logro, y por el cual fue merecedora de reconocimientos como el galardón a mejor película de la historia en la Exposición General de Bruselas (1958), fueron la gran calidad y originalidad en su montaje así como la fijación de las bases del actual lenguaje cinematográfico.

El acorazado Potemkin destaca, y trasciende en la historia del cine, por su magnífico trabajo técnico. Eisenstein, aconsejado por su director de fotografía Eduard Tisse, demuestra en el largometraje un absoluto manejo del ritmo, conjugando a la perfección el uso de la música y el estado de los factores climáticos (a modo de metáfora visual) con el desarrollo de la historia. En el manejo de la cámara, también privilegiado, sobresalen los primeros planos, en donde las expresiones faciales y gestuales de los personajes transmiten con claridad lo pretendido por los actores.

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Por si esto fuera poco, en este filme se encuentra una de las escenas más relevantes de la historia del cine, homenajeada por directores como Woody Allen (Bananas, 1971) o Brian de Palma (Los intocables de Elliot Ness, 1987). En esta secuencia, un carrito de bebé desciende la Escalera de Richelieu durante la violenta carga que las fuerzas imperialistas rusas ejercen sobre el paupérrimo proletariado de Odesa.

No cabe duda, El acorazado Potemkin es de obligada contemplación para todo aquel interesado en el género cinematográfico. Con una estructura completamente innovadora, aunque quizás sin una trama tan compleja ni trepidante como podamos encontrar en la actualidad, no hay excusa para obviar su gran importancia en la evolución técnica del cine. Esta obra marcó a toda una generación de cineastas posterior, de la misma manera en que todo aquel que ahora la visualice podrá comprender un poco mejor el pasado de la gran pantalla, que forma parte de una historia que aun acaba de empezar, y de la que todavía queda mucho por escribir.

Por Manuel Lorenzo “¡Hurra!” se oía decir a los insurrectos rusos en 1917, año en el que se materializó la tan ansiada revolución del proletariado tras más de tres siglos bajo el yugo del régimen zarista. En las últimas décadas del siglo XIX la situación se había vuelto insostenible. Aunque la servidumbre acababa de ser abolida en 1861, eso no supuso una mejora en la calidad de vida; solo unos pocos se enriquecían mientras la gran mayoría de población atravesaba penurias para subsistir. La economía continuaba siendo arcaica, con una industrialización muy escasa, a la par que mal recibida por el campesinado, el cual se…

Resumen de Reseña

Calificación de la película - 80%

80%

Valoraciónes : 3.7 ( 1 votos)

Sobre Manuel Lorenzo

Redactor de Luces, cámara y blog. Interesado tanto en las artes como en las ciencias. Creo que una formación amplia y variada es lo mejor Aun así, siento predilección por el cine, uno de mis entretenimientos preferidos. Algunos directores que me llamen la atención: Christopher Nolan, François Ozon o Martin Scorsese.