Mil veces buenas noches | Detrás de una fotografía.

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Por Jorge Aceña

Lejos de preguntas triviales y concepciones irrelevantes, al ver una fotografía, sentimos la necesidad de adentrarnos en ella, buscar su significado y conocer el propósito de la misma. Cientos de fotos son las que vemos cada día, y realmente son unas pocas la que inciden, para bien o para mal, en cada uno de nosotros. En los periódicos, telediarios etc. nos sentimos abrumados por la cantidad de información que recibimos sobre una actualidad que nos asusta pero que no conseguimos rechazar, y son esas fotografías que vemos las que nos provocan tal sistema de alerta. Los conflictos que arrastran la vida de tantas personas, la guerra innecesaria que siembra tanta muerte y dolor… no podemos mirar para otro lado, cuando unos pocos arriesgan sus vidas para mostrar al mundo lo que de verdad está pasando. En “Mil veces buenas noches”, el propósito es mirar más allá de la fotografía para no centrarse solamente en su estudio, sino en la persona que se esconde detrás de una cámara.

Cuenta la historia de Rebecca, una reportera de guerra que vive por y para su trabajo. Es considerada una de las mejores fotógrafas del mundo, debido a su carácter obsesivo y peligroso por querer encontrarse de cara con el hambre, la miseria, la muerte. Tras un accidente en el que casi pierde la vida, volverá a casa con su marido e hijas. Pero su marido no puede soportar más el hecho de ver a su mujer en constante peligro debido a su trabajo y decide darle un ultimátum: deberá escoger entre su familia o su trabajo.

Los primeros 10-20 minutos son una muestra de cómo ese exhaustivo trabajo por parte de Rebecca puede desencadenar en la tragedia más absoluta. La película no quiere ser un ejercicio sobre el periodismo fotográfico y sus riesgos, sino más bien el conflicto y lucha interna de la protagonista acerca del dilema moral que su situación plantea. Como decía, esa introducción principal en la que se producirá el desencadenante. Erik Poppe maneja con pulso las distintas líneas que van a confluir en el punto final, con ayuda muy certera de la música de Armand Amar. El resultado me recuerda a alguna secuencia de “Zero Dark Thirty”.

Erik Poppe, director de “Aguas Turbulentas”, juega con información de primera mano. Su pasado como fotógrafo en zonas conflictivas hace que sepa lo que quiere en cada momento. Se podría decir que la película puede moverse por el ámbito “autobiográfico”, ya que posible parte de sus miedos y dudas con las que convivía se vean reflejadas en Rebecca.

Juliette Binoche da vida a la protagonista, sosteniendo en cada momento la película gracias a un magnífico ´Tour de force` a la altura de las grandes interpretaciones. Una actuación en la que juega con transmitir dramatismo a base de contención y mirada. Rebecca no piensa en consecuencias, actúa bajo el mandato de su moralidad. Sabe que ella es la encargada de hacer ver al mundo la cruda realidad, y da por sentado el hecho de tener que arriesgar su vida para llevar a cabo su propósito. Todo lo que hace Binoche es sentido, pura emoción desbocada en cada plano, en cada frase. Nikolaj Coster- Waldau, interpreta al marido, un hombre cansado, agotado por pensar en un futuro incierto debido a la profesión de Rebecca, pero a la vez fuerte por el mero hecho de ser el padre de familia, teniendo que cargar con la vida de sus hijas. El marido es todo lo contrario al pensamiento profesional de Rebecca, y es aquí donde surge la controversia. El trabajo de Nikolaj es bueno, aunque a veces sentimos la sensación de indiferencia ante sus actos, ya que el gran peso lo  lleva Binoche.

El personaje de Rebecca deberá hacer frente a una fría relación madre-hija perpetrado por el distanciamiento debido a la profesión de la madre. Entre las dos surgirá la antítesis, el juicio por entender los valores y la sucumbir ante la fiel verdad.

Es verdad que la película puede llegar a resultar un poco pesada, carente de gran emotividad, pero en mi opinión, ahí reside su fuerza, la capacidad para manejar con destreza una situación sin parecer demasiado forzosa, sin convencionalismos ni recursos fáciles.

“Mil veces buenas noches” es solidez, dramatismo sustentado con determinación y marcado por una maravillosa interpretación de Juliette Binoche.

ESTRENO: 8 DE AGOSTO

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