El Sueño de Ellis | Bienvenidos a la gran distopía americana. Les estamos esperando

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Por Manuel Lorenzo

“El ruiseñor siempre trina los cantos más bellos en la hora más oscura”, afirma uno de los personajes del cineasta James Gray en su filme El sueño de Ellis (Título original: The Immigrant). A pesar de que parezca lógico que tras la tormenta llegue la calma, o también, que algo bueno tenga que ocurrir tras tan mala fortuna, el largometraje parece contradecir la veracidad de estos dichos una y otra vez.

El director estrenó su quinta película en España el 27 de junio de 2014, hecho ocurrido con mucha posterioridad a su presentación en el Festival de Cannes de 2013. Otras películas del autor con similitudes temáticas y estéticas son La otra cara del crimen (The Yards, 2000), La noche es nuestra (We own the night, 2007) o Two Lovers (2008).

En la primera secuencia se nos muestra la Estatua de la Libertad envuelta en una bruma misteriosa que no augura nada bueno para los protagonistas. Así se constata en los primeros instantes del largometraje, de 120 minutos de duración, cuando las dos hermanas polacas, que viajan a Estados Unidos en busca de la realización del ansiado sueño americano, se ven obligadas a separarse en la Isla de Ellis debido a la tuberculosis que Magda padece (isla situada al lado de Liberty Island e históricamente conocida por ser el paraje en el que los inmigrantes europeos eran retenidos a principios del siglo XX en EEUU).

Este hecho es fundamental para el desarrollo de toda la trama posterior. Ewa Cybulska, la otra hermana, protagonizada por Marion Cotillard (conocida por su papel en La vida en rosa, 2007). A partir de la separación fraternal, todo acto de Ewa estará destinado a conseguir sacar a su hermana de la Isla y es, en este momento, en el que el sueño se torna pesadilla para la joven.

Es entonces cuando entra en escena Joaquin Phoenix (interpretando a Bruno Weiss), a quien ya vimos actuar recientemente en Her (2013), así como en los últimos tres filmes de James Gray. A partir de este momento el elenco de actores comienza a dar forma y matizar las personalidades de sus personajes. Bruno se presenta como un hombre atento y cariñoso, ya que saca a Ewa de la Isla de Ellis prometiéndole la futura recuperación y liberación de su hermana. Obviamente, todo tiene un precio.

Ewa termina prostituyéndose para Bruno con el único objetivo de conseguir el dinero que la devuelva junto a Magda. Aquí se empieza a entrever el conflicto moral de la protagonista, decente y buena cristiana, que deja sus convicciones de lado por un bien mayor. Por otra parte, el perspicaz y carismático Bruno va perdiendo estas condiciones a medida que la asustada y sumisa Ewa lo empieza a conocer mejor. Hasta llegar al punto álgido de la película en el que irrumpe en escena Jeremy Renner como el “Mago Orlando” o, más bien, el primo de Bruno. En este instante, los celos del proxeneta terminan por ser su propio verdugo emocional.

Toda esta representación universal y atemporal se contextualiza en el año 1921. Tras la I Guerra Mundial, que dejó el mundo patas arriba y durante la conocida restricción sobre bebidas alcohólicas en los EEUU, la Ley Seca (1919-1933).

El encanto de la obra se encuentra en cómo, mediante una trama completamente melodramática, se consigue plasmar el ideal del sueño americano, que, generalmente, suele quedar solo en una utopía. Para luego toparse con la cruda y cierta realidad. Nada es gratis, ni fácil e, incluso, en ocasiones, ni siquiera posible.

Quizás El sueño de Ellis pueda resultar un film de apariencia insípida que sugiere más de lo que muestra en la pantalla. Siempre acompañado de una estética decadente y con  cierta evocación al cine mudo, muestra una galería de actores en la que se expone la relatividad moral de todo individuo, presentando diferentes arquetipos de quienes nunca son lo que a priori parecen ser. Aunque con mucha disparidad de opiniones entre la crítica, no me cabe la duda de que es una película que vale la pena contemplar.

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