A Dos Metros Bajo Tierra | Vida y Muerte

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Por JK3

“Six Feet Under”, titulada “A dos metros bajo tierra” en España, es una serie de 5 temporadas emitida por la HBO y creada, producida y escrita por Alan Ball. Está protagonizada por Peter Krause, Michael C. Hall, Frances Conroy, Lauren Ambrose, Rachel Griffiths, Mathew St. Patrick y Freddy Rodríguez. Cada capítulo posee una duración aproximada de 55 minutos.

La historia trata sobre la familia Fisher, que regenta una funeraria en Los Ángeles. Nada más empezar, el padre de la familia muere en un terrible y fatal accidente de tráfico, quedando su hijo David a cargo de la funeraria. David es un hombre homosexual reprimido. Tiene una hermana, Claire, una adolescente que consume drogas y parece estar desorientada, y un hermano mayor, Nate, que ya había abandonado el hogar sin querer formar parte de la funeraria familiar pero que se quedará más tiempo del previsto con su familia debido a la terrible muerte de su padre en vez de volver a donde había rehecho su vida. Ruth, la madre, es una triste mujer sumida en una depresión de la que parece no ser consciente. Nate, hombre que siente que es un fracasado, conoce momentos antes a Brenda Chenowith, una mujer que pronto descubrirá que está “peor” que ella, y que la familia de ésta está incluso más “trastornada” que la suya propia.

Cada capítulo, salvo excepciones ocasionales, sigue un mecánica inicial similar; alguien muere, y la funeraria de los Fisher se hace cargo de organizar su funeral. Estas muertes suelen no estar muy relacionadas directamente con los familiares aunque, como la del primer capítulo, donde muere el padre, pueden producirse excepciones, pues personas más o menos implicadas en sus vidas podrían morir de un momento a otro. Además, una de las peculiaridades de esta serie es que los muertos parecen interactuar con los personajes. No es raro que, mientras están preparando un cadáver para el velatorio, éste se ponga a hablarles, no quedando del todo claro al principio si era parte de su imaginación o no. Esta ambigüedad es aprovechada en multitud de ocasiones, donde además se unen sueños misteriosos y extraños y multitud de metáforas preciosas que enriquecen enormemente la obra.

Una de las grandes virtudes de esta serie es el guion, repleto de diálogos increíbles y personajes muy desarrollados. No era raro que parara un capítulo, twitteara una frase, y siguiera viéndolo, volviéndolo a parar al poco rato para volver a apuntar otra frase. Llegué a cansarme de apuntar tantas citas, y todavía tengo pendiente una que quiero colgar en mi cuarto para recordarla continuamente o, simplemente, por puro placer. Me atrevería a decir que jamás he visto a personajes de ficción tan complejos y enrevesados, donde tanto el guion como las actuaciones son dignas de admirar, repletas de matices y facetas nuevas continuamente. Soy de los que disfrutan analizando psicológicamente a los personajes, y he de decir que, en un principio, Brenda se me mostró como un gran reto, pues tenía multitud de salidas inesperadas, además de ser el personaje más complejo que he visto jamás, tanto en la vida real como en la ficción. En realidad, todos los personajes de esta serie, en sus distintas forman, son extremadamente enrevesados. La naturalidad y sutileza con la que van evolucionando es abrumadoramente realista. Todo en ellos parece real. Son como personas reales, sí. Personas a las que puedes llegar a cogerles, de una forma u otra, muchísimo cariño, apego. Y es que, en palabras del creador Alan Ball respecto al nombre de la serie, “Six Feet Under se refiere no solo a ser enterrado como un cadáver, sino a aquellas emociones y sentimientos que se mueven bajo la superficie.”

Al principio, cuando empecé a verla, pensé que la trama avanzaba un poco lenta. No era raro que los capítulos se me hicieran largos o que no tuviera demasiadas ganas de ver los siguientes, sin embargo, descubrí que ese era parte de su encanto. Sinceramente, no es un defecto de la serie en sí pues su ritmo, una vez avanzas varias temporadas, descubres que es perfecto, precioso. Podría decirse que incluso dicha lentitud, en un ambiente tan depresivo y reprimido, duele, siendo un elemento emotivo más. Creo que criticar negativamente a esta serie por su lentitud sería como atacar un musical diciendo “es que cantan continuamente”.

El tema principal es, cuanto menos, singular. No destacaría ni por su elaborada composición repleta melodías entretejidas ni por su delicada y preciosa melodía, pues ambos factores parecen brillar por su ausencia. Sin embargo, la peculiaridad del mismo, unido con las imágenes del opening, logran un buen efecto que, si bien podría haber dado mayor juego, cumple perfectamente su cometido. Al menos, ese es el efecto que consigue tras haber visionado multitud de capítulos.

La banda sonora contiene multitud de obras increíbles. Gracias a ella descubrí, por ejemplo, el Nessun dorma, de la ópera Turandot, de Giacomo Puccini. Multitud de canciones se nos son reveladas de manera acertada; todavía recuerdo cuando “Knockin’ on Heaven’s Door” sonó justo en un instante que difícilmente podría haber resultado más apropiado, logrando un buen efecto en los sentimientos del espectador. Cantos profundos acompañados de escenas donde se muestran emotivas escenas de los personajes, música clásica, silencios acompañados del tic-tac de un reloj de fondo… Realmente increíble. La banda sonora original no destaca especialmente, pues las obras suelen ser lentas y sencillas; sin embargo, me agrada enormemente, pues ayuda en el fluir de los profundos sentimientos que nos hace sentir esta serie.

Estamos acostumbrados a la “filosofía barata”, a un estilo de vida acelerado y fugaz donde apenas hay tiempo para detenernos y pensar sobre el ritmo de la vida y, si lo hacemos, no suele pasar de una mera racionalización pasajera. En esta serie, con unos excepcionales diálogos dignos de admiración y una psicología asombrosa, nos muestran la vida como un mundo repleto de posibilidades, un mundo vivo. Sin embargo, no nos muestran una realidad feliz donde los personajes saltan sobre praderas multicolores sino que sucede más bien lo contrario; personas profundamente deprimidas, insatisfechas con sus vidas, que intentan ser felices de manera desesperada, fracasando una y otra vez cuando sus mundos parecían estabilizarse. En algunos momentos son felices y, en la mayoría de las ocasiones, no. Como la vida misma, podría decirse. Problemas inesperados, la continua muerte acechando y la complejidad psicológica de unos personajes que no logran escapar de ese bucle de tristeza continua son algunos de los ingredientes básicos de esta profunda obra repleta de filosofía existencialista y espiritual. Multitud de perspectivas de ver el mundo se nos muestran, multitud de actos que, lejos de ser catalogados como buenos o malos, suceden. Es un fluir constante. Sí, esta serie es capaz de hacer que quieras vivir la vida e incluso de que dejes de temerle a la muerte, y lo logra, precisamente, mostrándote la crueldad de este agónico mundo y con continuas muertes en prácticamente cada capítulo. Los fundidos a blanco que tanto se suceden nos recuerdan, constantemente, la presencia de la muerte. Muerte, muerte y más muerte. Cuando me quedaban un par de capítulos para terminar la serie, me dijeron “Esta serie te da el golpe existencial más fuerte que vayas a sentir jamás.” No sé si alguna vez experimentaré algo similar, así que ahora no podría decir que tiene razón con total certeza mas, sinceramente, no me extrañaría nada que fuera cierto. No revelaré qué sucede en el tan aclamado y adorado final, además que temo daros demasiadas expectativas al respecto que podrían lograr que los últimos minutos os decepcionaran, sin embargo, no podía escribir este artículo sin mencionarlo. Yo sabía que el final era bueno por lo que había leído, y tenía grandes expectativas pero, sinceramente, las superó con creces. No paré de llorar durante mucho, mucho rato, y decidí que no iba a perder más el tiempo y que iba a aprovechar esta vida todo cuanto pudiera, y así quiero que sea realmente.

En resumen; si queréis ver una serie de acción y ritmo rápidos, entonces no veáis Six Feet Under. Si consideráis que “no sucede nada” en las escenas que sirven para que los protagonistas evolucionen psicológicamente, entonces no veáis Six Feet Under. Si por el contrario os gusta analizar a los personajes, sentir los momentos delicados y precisos acompañados de alegóricos mensajes repletos de carga filosófica, entonces no os podéis perder Six Feet Under. Si os gusta pensar respecto al arte, respecto a la realidad y el mundo, entonces me pregunto qué hacéis que no estáis viendo Six Feet Under.

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