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Godzilla | El nuevo y agónico despertar de la bestia

Por Jorge Aceña

Se apagan las luces. Últimos murmullos, y en la pantalla da comienzo una nueva sesión. La expectación es enorme. Silencio absoluto.

Tras unos títulos iniciales con imágenes de archivo sobre lo que fueron pruebas nucleares de un modo silenciadas bajo mandato por una historia que sería mejor no contar a la humanidad, llegamos a una secuencia en la que, sobre unas excavaciones en algún lugar del planeta, el aire que se respira es malsano. Las imágenes que estamos presenciando, nos evocan a ciertas partes de una saga tan glorificada como es “Alien” y todo hace presagiar el monumentalismo de una experiencia cinematográfica exquisita. Pero, ¿por qué a medida que pasan los minutos, la llama que ilumina nuestros ojos con el apoteósico dinosaurio en pantalla se apaga de manera cada vez más fulminante?

Hay algo que no funciona en esta especie de reinvención que Gareth Edwards nos ofrece del famoso monstruo japonés. El entretenimiento, en su justa medida, pasa desapercibido debido a la visible superficialidad de unos personajes poco definidos y aprovechados, y los hastiados tiempos muertos que utiliza Edwards para tratar de encontrarse en su propia historia. El resumen de esto hace de Godzilla un blockbuster impersonal. Pero desglosemos esta dolorosa y atronadora lectura.

Hablando de los personajes, resulta difícil ver a un gran reparto tan desaprovechado. La primera pregunta es: ¿Era necesario Bryan Cranston?; ¿Y Sally Hawkins?; ¿Y Juliette Binoche? Mi respuesta es no. No hace falta tener a un reparto de primera línea para llevar una película como es este “Godzilla” y si ya es tomada la decisión de contar con tal elenco, aprovéchalo bien. Porque que una actriz como Juliette Binoche aparezca durante un período inferior a 5 minutos,  me resulta chocante. El factor humano es olvidado en esta película, y el poco pulso desvanece y ensordece un desarrollo a priori voluptuoso.

Gareth Edwards tremendo fan de este mítico monstruo, ha querido hacer suya una historia pero sin faltar a la original y el resultado es una continua búsqueda para satisfacer a ambos grupos, a los fieles al original y a los que buscan esa nueva reinvención. El guiño de ese tremendo cariño a este ser, se ve en una secuencia en la que el protagonista, de niño, mira de reojo un póster de “Godzilla” que tiene pegado en la habitación. Ese niño, para mí el propio Edwards, mira al póster como diciendo: Te tendré presente, seré fiel a tu historia, pero a mi manera. El resultado, un blockbuster impersonal, como bien subrayaba antes.

Y sí, hay entretenimiento. Cómo no va a haber entretenimiento viendo a monstruos luchando en plena ciudad, volando edificios y arrasando todo lo que pillen a su paso. Pero lo dicho, este entretenimiento se nubla por una mala utilización de los ya comentados factores.

Quien quiera disfrutar en el cine, y a ser posible en 3D, de esta figura de huella imborrable, vayan a verla, pero el resultado final puede que no les resulte demasiado, o incluso nada satisfactorio.

Sobre Jorge Aceña Rincón

El cine lleva conmigo prácticamente desde que nací. De pequeño, y a escondidas, descubrí a directores como Leone o Coppola. Ver “Nosferatu” de Murnau antes que “Toy Story” dice mucho de todo esto. Me alimentaba de colecciones que llegaban a casa, alternándolas con Disney o demás dibujitos televisivos. En el momento que ví “La Naranja Mecánica” comencé a practicar la religión Kubrickiana. Enorme pasión por lo descubierto hasta ahora y enfermiza expectación por descubrir.