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Crítica de “Noé”.

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Por Alberto Cano

“Noé”, el último trabajo del director Darren Aronofsky, ha estado envuelto en polémica desde casi terminar su rodaje. Paramount organizó una serie de visionados con diferentes grupos religiosos en los cuales se creó un gran descontento a causa de no considerar correcta la visión que ejercía Aronofsky sobre este relato bíblico. A pesar de que Paramount consideró la opción de cambiar el montaje, finalmente se decidieron por estrenar la versión del director teniendo graves consecuencias en la distribución de la cinta en varios países. Toda esta polémica, sumado al embargo de opiniones que ha mantenido Paramount, hacía dudar sobre el resultado final del film. Una vez vista puedo decir que, efectivamente, el resultado final es bastante dudoso y confuso, pero aun así tiene momentos bastante bellos, poéticos y profundos que merecen ser admirados.

Uno de los principales problemas de los que peca “Noé” es un mal estructurado guión. Durante el primer tramo de metraje se concentra demasiada acción y fantasía, dando la impresión de encontrarnos ante el típico blockbuster made in Hollywood; mientras que en tramo final la acción desaparece totalmente, teniendo como consecuencia que el espectador desconecte de la pantalla y dando lugar al tedio y al aburrimiento.

La primera hora del film está llena de momentos muy “blockbusteros” y demasiado exagerados para la historia que se nos plantea. Gigantes de piedra luchando, ángeles guerreros o escenas bastante sangrientas pueden quedar visualmente espectaculares y conseguir un gran toque épico, pero desde luego están bastante alejados de lo que Aronofsky realmente pretende con esta cinta y muy descompensados con todo el drama con el que viene cargada la última hora de película.

La dirección de Aronofsky es una de las grandes virtudes del film. A pesar de ser una película que se aleja totalmente de otros trabajos de su filmografía, su mano está presente en todo momento, y sobre todo, durante el segundo tramo de la cinta. El mejor ejemplo de esto lo vemos en el gran análisis que realiza de los personajes y de las situaciones a la que se ven obligados a enfrentarse. En todo momento vemos como Noé se ve perturbado por el hecho de tener que exterminar a toda la humanidad, pero por otro lado vemos cómo se siente realizado por haber cumplido la tarea que “el creador” le ha encargado. Pero todas estas intenciones que su director pretende se ven perturbadas por el mal trabajo ejercido por el reparto. Un soso Russell Crowe no consigue hacer frente a toda la carga emocional que el papel de Noé conlleva, teniendo como consecuencia que el espectador no termine de creerse la situación. Los demás miembros del reparto se encuentran en la misma circunstancia: Jennifer Connelly igual de sosa que Crowe, una Emma Watson sobreactuadísima y un Logan Lerman empanado e inexpresivo.

Aronofsky, pese a adaptar un relato bíblico, se aleja casi por completo de la religión. Él da su propia visión sobre los personajes y los hechos e incluso en ningún momento se llega a hablar de Dios o Yahveh, simplemente se refieren a un ente superior al que ellos llaman “el creador”. La visión que se ofrece se centra más en aspectos humanos y medioambientales que espirituales. El director nos plantea un mundo donde el ser humano ha acabado con todos recursos de la Tierra y para subsistir recurren a la violencia, al canibalismo y a la sobreexplotación; consecuentemente “el creador” decide exterminar a la raza humana para permitir el libre florecer de la naturaleza. Otro ejemplo donde podemos ver el alejamiento que tiene el film de los aspectos religiosos es en el relato de la creación que se nos narra. Aronofsky recurre a elementos bíblicos como Adán y Eva, el pecado original o la historia de Caín y Abel, pero por lo general se aleja de los tópicos de la religión para poder transmitir un gran lirismo y una gran belleza a través de una libre interpretación de los acontecimientos. Bajo mi punto de vista, esta escena constituye uno de los mejores y más memorables momentos de la cinta.

Todo el apartado técnico es otro de los aspectos que más sobresalen de “Noé”. Espectaculares efectos especiales, una bella fotografía, una buena banda sonora, y sobre todo, un logrado montaje constituirán una gran experiencia para nuestros sentidos.

Entonces, ¿Es Noé una buena película? Si nos centramos en su toque poético, en su gran belleza visual y en la gran profundización que hace su director en los personajes, podríamos decir que sí, es una buena película. Pero por el contrario, si nos fijamos en el gran desequilibrio que se produce entre la acción y el drama, en las sosas interpretaciones y en el tedio que puede llegar a producir hacia el final, no podremos opinar lo mismo. En definitiva, puedo decir de Noé que es una película admirable en muchos sentidos, pero que comete demasiados errores en su ejecución dando como resultado un film algo confuso, extraño, que posiblemente no termine de conectar con el público.

NOTA: 5,5/10

Sobre Alberto Cano

Administrador y redactor de Luces, Cámara y Blog. Paso la mayor parte de mi vida en una sala de cine o pegado a un televisor disfrutando películas de todo tipo. Directores como Tim Burton, Hayao Miyazaki o Alfred Hitchcock, géneros como el fantástico, de animación o de terror, y estudios como Disney, Ghibli o Pixar, han marcado toda mi vida cinéfila.