ESPECIAL: Darren Aronofsky

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Darren Aronofsky es uno de los pocos directores de cine que consiguen transmitirnos sensaciones, emociones y  sentimientos contradictorios que desconciertan al espectador (como, por ejemplo, la pena y cierto cariño que sentimos hacia el personaje de Jared Leto , en Réquiem por un sueño, cuando no deja de ser un drogadicto), y es eso lo que, precisamente, me llama tanto la atención de este director que, con su mano magistral para hacer cine, finalmente, ha conseguido hacerse grande, a casi elevarse a la divinidad junto a otros muchos que ya pasaron  a los anales de la historia (A. Hitchcock, S. Kubrick…), a hacer que a todo el mundo le suene su nombre (cosa difícil actualmente).
 
Aronofsky, nacido en Brooklyn, Nueva York, allá por el lejano año 1969, ha conseguido crear arte, pasar de la superficialidad que últimamente sobra en el cine y dar profundidad a unos personajes que muchos otros no hubieran conseguido, siquiera,  sacar adelante.
Siempre con propuestas sencillas, consigue embaucarnos y fundirnos con su mundo interior, con los miedos de unos personajes atormentados, con sus tristezas y añoranzas, con sus alegrías, y consigue hacernos sentir emociones con cada uno de sus firmes planos.
Además, Aronofsky, sabe rodearse de un gran equipo en donde cada pieza es fundamental para completar un todo sin el que sus películas no serían posibles. Bien demostrado queda con la impecable fotografía que reina en sus filmes y unos guiones más que elaborados, en la que la profundidad del personaje va mucho más allá de unos cuantos planos superfluos.
No olvidemos, también, las bandas sonoras de las que hacen gala sus películas (¿quién no ha escuchado el tema principal de Réquiem por un sueño, Lux Aeterna, de Clint Mansell?).
Y es que desde Pi: fe en el caos hasta Cisne Negro no ha dejado de sorprendernos.
Pero, sin duda, su película más personal (y más criticada) es La Fuente de la Vida, que en principio iba a protagonizar Brad Pitt y que, finalmente, terminó encabezando Hugh Jackman con una gran interpretación en un filme lleno de sentimientos y emociones, un drama en el que la historia se nos plantea de tres maneras distintas (pasado, presente, futuro), mezclando la metáfora con la realidad y llevándonos hasta lo más profundo del universo y del ser humano, que es siempre protagonista de sus obras, mostrándonos sus temores y miedos (Cisne Negro), sus preguntas y sus dudas (Pi: fe en el caos) y sus sueños y errores (Réquiem por un sueño y El luchador).

 

En definitiva, Aronofsky, con apenas cinco filmes tras sus espaldas (y su próximo proyecto confirmado, Noah), ha conseguido elevarse a la categoría de director de películas de culto, (que algunas tacharían de gafapastas y yo, en cambio, de originales) con mucha vista y un talento insuperable gracias a su derrochante imaginación y a su saber hacer. Uno de esos a tener en cuenta cuando quieras ir al cine y una de sus películas esté anunciada en cartelera.
 

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