Diplomacia | Portentosa sencillez.

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Por María Pérez

25 de agosto de 1944. Los aliados entran en París. Poco antes del amanecer, Dietrich von Choltitz, gobernador militar alemán, se prepara para ejecutar las órdenes de Hitler de volar la capital francesa. Sin embargo, París no se destruye. ¿Por qué razones Von Choltitz se niega a llevar a cabo las órdenes del Führer, a pesar de su lealtad sin límites al Tercer Reich? ¿Fue Raoul Nordling, cónsul general sueco de París, quien hizo cambiar de opinión al general?

 La pregunta retórica del final yo la replantearía diciendo ¿qué podemos hacer para que una historia en la que ya sabemos el final resulte interesante? Que se lo pregunten a Volker Schlöndorff porque es lo que ha hecho en su último largometraje, que a propósito, ha sido galardonado con la espiga a mejor director y a mejor actor en la pasada Seminci.

Diplomacy

 La película se podría definir a primera vista con una sola palabra: simple. La trama es bien sencilla (un hombre que intenta convencer a otro hombre de que no vuele París por los aires), el escenario más sencillo aún (una habitación) y con un reparto también muy simple (los dos hombres). Para ser una película sobre la Segunda Guerra Mundial, esas que suelen ir o sobre que Hitler era un señor muy malo o sobre los campos de concentración, ésta se centra en las decisiones de un hombre que nadie recuerda. Con esta aparente sobriedad, Schlöndorff hace una indiscutible obra maestra gracias al diálogo entre los dos protagonistas.

 Empieza la película, radio alemana, segundo movimiento de la séptima sinfonía de Beethoven, pullita a los franceses (no solo porque Beethoven fuera compositor alemán si no porque compuso ese movimiento en memoria a las víctimas de las guerras napoleónicas, Napoleón era francés, Alemania ahora es la que ha invadido Francia) y ya nos ponen en situación.

 Actuación soberbia por parte de André Dussollier, que encarna al diplomático suizo que se cuela en la habitación de su víctima por una escalera secreta con una misión de vital importancia. Interpretación grandiosa también la de Niels Arestrup (el jurado de la Seminci pensó lo mismo y le dio la espiga), señor que al principio no nos cae bien y que pensamos que tiene la cabeza más vacía que una playa noruega en invierno pero del que luego nos acabamos  compadeciendo.

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La fuerza que tienen estos dos personajes nos atrapa desde el principio, haciéndonos caer en la desesperación porque nosotros, igual que el diplomático, no queremos que se destruya París, pero olvidamos que en efecto no va a explotar toda la dinamita que tienen preparada.

 Más que recomendable, entretenida y apasionante, Diplomatie es una película sobria pero genial. Volker Schlöndorff nos demuestra que no hacen falta los desorbitados presupuestos y las grandes peripecias recargadas a las que estamos bastante acostumbrados y que tanto nos ¨impresionan¨ para crear un buen producto.

*Antes de la proyección de ‘Diplomacia’ podrá verse el cortometraje ‘LA GRAN INVENCIÓN‘, del cuál podéis leer la crítica aquí.

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