Winter Sleep | La vida es sueño.

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Por Jorge Aceña

Existe un problema no del todo mayúsculo pero sí incómodo a la hora de escribir sobre una película de un director reconocido e importante del que no se ha visto nada. Nunca es rigurosamente necesario atender a plegarias en sentido estricto, ni a concepciones adverbiales sobre diferentes temas contados con anterioridad, simplemente es bueno tomar como referencia el denominado sello de autor y más en el cine europeo, donde el director es la piedra angular que adquiere una cuantificada importancia respecto a la narración y su conformidad en los diferentes estados que dan forma al total.

En el caso del realizador Nuri Bilge Ceylan, su mirada hacia el ser humano y su condición, a todo aquello que engloba la profundidad de su existencia y su comportamiento es expuesto en cada una de sus películas. Sus muestras de cine humanístico, de relaciones familiares tortuosas y de vidas estancadas en entornos rurales han sido premiadas en numerosos festivales, otorgándole al director un puesto valiosísimo en la vida del cine reciente.

“Winter Sleep” se alzó el pasado festival de Cannes con la deseada y reluciente  palma de oro y premio FIPRESCI, que por su prestigio queda marcado a fuego en las grandes páginas de las instituciones cinematográficas. Sueño de Invierno es un drama intenso que disecciona  al ser humano con total firmeza en su discurso. Una impresionante muestra de belleza técnica y narrativa. Quizás esta película se acerque más a un modelo introspectivo de su obra en la que residen todos y cada uno de los personajes que a lo largo de su carrera ha construido. Digamos que Aydin es el reflejo de personajes pasados, al igual que las dos mujeres que lo acompañan. Sus 196 minutos de duración son un recorrido por el trasfondo psicológico, visceral, poético, filosófico y trascendental de la condición humana. Habla del tiempo pasado, de la soledad, del miedo, del orgullo, de cualidades y defectos…Un retrato de la personalidad de unos personajes atrapados en un metafórico clima invernal.

Aydin es un actor retirado que dirije un pequeño hotel en Anatolia al igual que alquila pequeñas casas a los habitantes del pueblo. Aydin convive con su hermana, una mujer con disgustada y enfrentada con el mundo debido al divorcio, y con su infeliz mujer con la que se encuentra distanciado. En invierno, el hotel permanece casi vacio y eso deja tiempo a Aydin para intentar acercarse al sueño de ser escritor. Pero a medida que el invierno avanza, la nieve envolverá a estos personajes en medio de la fría estepa a la espera de resolver sus problemas.

Sin que pase nada especialmente relevante durante más de 3 horas, Ceylan propone al espectador un acercamiento a estos personajes a través de largas conversaciones sobre el sentido de la vida. El resultado que busca y consigue es nada más y nada menos que sentir ese cambio en tus propias carnes, remover conciencias y ahondar en la personalidad de cada uno.

Una simple y desafortunada fechoría de un niño abrirá la brecha en la búsqueda de Aydin y a su vez descifrar a las mujeres que le acompañan. El desamparado chaval que rompe la ventanilla por lanzar una piedra al coche en el que viaja Aydin es la expresión de disconformidad en valor al juicio impartido desde los primeros instantes de película. Esta reacción en cadena maravillosamente expuesta sirve a modo de destape una manifestación de identidades que esconden tras la falsa pulcritud de una ventanilla sin apenas grietas.

El transcurso se hace tedioso por momentos y llegamos a preguntarnos el por qué de la necesidad de invertir más de tres horas en desentrañar y solucionar la trama pero tras los últimos 40 minutos sin ninguna imperfección, nos quedamos con el lado magistral de este sueño invernal. La  brillante puesta en escena, fotografía e interpretaciones hacen de  “Winter Sleep” el máximo exponente de belleza cinematrográfica. Porque la estepa que rodea el largo recorrido de la Anatolia invernal es el alegórico significado de unos personajes encadenados a su modo de vida tan frustrante como adherida en el alma: una vida de sueño. Y Porque esos parajes de la Anatolia central promovidos por un lirismo excelso merecen ser contemplados al menos una vez.

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