Relatos Salvajes | Violencia, ¿qué si no?

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Por Manuel Lorenzo

Desde pequeño te enseñan a reprimir tus impulsos más violentos, te recomiendan que cierres los ojos, respires profundamente y cuentes hasta diez, intentando que esa primera sensación de furia y excitación explosiva desaparezca. Un comportamiento así no es propio de un adulto, argumentan. Sin embargo, el mal sabor de boca no te abandona tan fácilmente, una huella de malestar y vergüenza queda impresa en tus pensamientos. Aunque mantener la cabeza fría es lo socialmente correcto, no produce satisfacción inmediata.

Llegados a este punto me asalta una pregunta: ¿de verdad nunca te has planteado romper con toda convención, dar rienda suelta a tu frustración, actuar sin sopesar las posibles consecuencias? No me cabe duda de que sí, y esta es la gran diferencia entre tú, lector, y los personajes del filme Relatos Salvajes, ellos no sólo se imaginan esas reacciones, las llevan a cabo. Esta es la tesitura en la que Damián Szifrón nos coloca, esta es la realidad que en la pantalla se vive.

Un vuelo y una conversación casual, una cafetería en la que afloran recuerdos del pasado, dos coches y una frase desafortunada, un ingeniero comparable a un maltrecho saco de boxeo, un accidente y una negociación, una boda casta y aun más pura. Estas son las seis situaciones que el director Damián Szifrón ha escrito y seleccionado para sorprendernos, angustiarnos, pero, sobre todo, divertirnos.

Tras casi una década alejado de los focos, y con un pasado de digno recuerdo, como demuestran la película Tiempo de Valientes o la serie de televisión Los simuladores, el cineasta argentino vuelve con un nuevo trabajo que a nadie dejará indiferente. Por lo menos esto augura el reconocimiento que obtuvo en los diferentes festivales por los cuales ha ido pasando: el Festival de Cannes, San Sebastián, Toronto, Sarajevo y, recientemente, Sitges.

El éxito de este metraje no se puede achacar a un único factor. Muchos son los atractivos que en él se esconden. Aun así, se debe otorgar mención especial a los intérpretes, quienes consiguen, una y otra vez, centrar la atención del espectador en la historia que, paulatinamente, va incrementando la estupefacción de un público que solo es capaz de responder a lo que contempla mediante una sonrisa. Ellos personifican la bestia sin control que todos llevamos dentro: Dario Grandinetti, Julieta Zylberberg, Rita Cortese, Leonardo Sbaraglia, Ricardo Darín, Oscar Martínez y Erica Rivas. Juntos, se encargan de conformar el más que correcto elenco de actores que en Relatos Salvajes encontramos.

Este celuloide compuesto por seis narraciones distintas, pero con un denominador común claro, surge, según palabras del propio director “del choque entre el tipo de civilización en la que estamos y el mundo que me gustaría que tuviéramos”. ¿Y qué resulta de este choque? Violencia, el denominador común, ¿qué si no?. El deseo de libertad nos lleva a reaccionar impulsivamente, desatando nuestra violencia contenida. Esta es la explicación, pero, ¿qué consecuencias puede tener?

Estamos ante una película muy entretenida, divertida y de un intenso humor negro. Un producto acto para todos los públicos; cine comercial en el mejor sentido de la palabra. Tengo la certeza de que disfrutaréis de este retrato de una realidad en constante conflicto, nuestra realidad. Cuidado aquellos con los estómagos más delicados, también aquellos con las mandíbulas más quebradizas; a pesar de la advertencia vale la pena arriesgarse, aunque, sintiéndolo mucho, los segundos están condenados.

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