Dos días, una noche | El triunfo de la dignidad.

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Por María Pérez

El pasado sábado, la película Deux jours, une nuit de los hermanos Dardenne fue la encargada de inaugurar el festival de cine de Valladolid (Seminci) y tuvo un gran éxito. La película se centra en Sandra (Marion Cotillard) que tiene un fin de semana para visitar a todos sus compañeros de trabajo y convencerlos de que renuncien a sus primas para que ella pueda quedarse.

La película en resumidas cuentas nos habla de la dignidad. En los tiempos que vivimos el tema escogido es de total actualidad. El personaje principal es una mujer que acaba de salir de una depresión y que cuando pretende volver a su trabajo prefieren echarla, gran palo para ella, ya que se vuelve a sentir inservible. Desde el principio, nos la presentan como una mujer frágil y sin fuerzas pero que se ve obligada a luchar por conservar su trabajo (que además necesita) y por eso tiene que ir a ver a todos sus compañeros, que ya habían votado (les habían dado a elegir: o su prima o su compañera) que preferían en su mayoría quedarse con el dinero aunque ella fuera despedida como consecuencia.

El hecho es que aunque a primera vista lo que parece es que nuestra protagonista es la buena y los compañeros que no votaron por ella son los malos, pero mientras se va desarrollando la trama, nos damos cuenta de que no es exactamente así. A algunos los persuade, pero en ningún caso quiere dar pena, aunque haya momentos en los que sienta exactamente eso.

Es un relato ¨bipolar¨ en el que se notan los picos en la actitud de la protagonista, picos que coinciden con las respuestas de sus distintos compañeros, dejándonos la intriga hasta el final, sobre si saldrá que sí o que no, aunque desde el principio, hay algo que nos dice que el final no va a ser muy de Disney, pero aún así no queremos que acabe mal.

Quiero señalar distintos personajes que son muy importantes. El primero su marido Manu (Fabrizio Rongione), que es totalmente imprescindible, apoya incondicionalmente a la protagonista y en cierto modo, la salva de si misma. Sus hijos, con los que no muestra especial cariño (ni los usa para dar pena a sus compañeros) pero a su vez intenta protegerlos de sus problemas (no quiere que la vean llorar y cosas así). Otro punto de apoyo es la compañera de trabajo que en la primera votación sí que había apoyado a nuestra protagonista y que es la que consigue que haya una nueva votación y que también hace un seguimiento continuado del fin de semana. La última digna de mención es la compañera que acaba dejando a su marido, que agradece a Sandra que haya llegado y la haya hecho pensar y plantar cara a sus problemas también.

En los encuentros con los compañeros, se nos muestran las distintas reacciones, que Sandra entiende (o intenta entender) y respeta. Pero no iba a ser un final predecible, hasta la mañana del lunes tan esperada, no sabemos cómo resultará la nueva votación. En mi opinión el final no podría haber sido mejor, pensado en el resto de opciones, no se me ha ocurrido ninguna que pegara más.

El hecho de que aún pudiendo conservar su trabajo decida no hacerlo para que se quede uno de sus compañeros, es una muestra de lo que es la dignidad humana, al final, ese personaje tan frágil y aparentemente inútil, es en realidad una heroína, una persona consecuente con sus ideas y su moral, realmente un modelo a seguir.

Largometraje formidable en mi opinión, que apela directamente al espectador y que le obliga a hacer un gran ejercicio de empatía justo en un asunto en el que hoy en día a veces parece que se ha perdido por completo.

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