Coherence | Cometas y multirealidades.

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Por Jorge Aceña

Pocas veces tenemos la oportunidad de acercarnos hacia un tipo de propuestas que se muestran inherentes por su megalomanía utópica, dejando al espectador en un estado aturdido pero a la vez boquiabierto por un incomprensible sentido.

“Coherence” es uno de los mayores desvelos por ponderar esta teoría del sufrimiento lógico. Una tela de araña que te amordaza y mantiene pegado al asiento durante todo su trayecto fílmico. James Ward Byrkit se ha ganado desde ya el calificativo de director arriesgado por realizar su primera película en base a la construcción de una historia psicológica de ciencia ficción dominada por la sorpresa y el desconcierto con solo una cámara y sin mayores presupuestos que ayuden al beneplácito de los grandes estudios. Y es que podemos vivir pensando en que una película con una gran productora detrás que no escatime en gastos y ofrezca al equipo todos los medios inimaginables a utilizar siempre tendrá más tablas para encandilar a las masas en su propósito por sorprender y fascinar de manera instantánea que un proyecto en instancias de precariedad. Sin embargo, con “Coherence” ocurre todo lo contrario, consiguiendo contar notablemente y de forma impactante un insólito delirio provocado por una lluvia de cometas y sus correspondientes consecuencias en un grupo de amigos que celebran una cena. Una casa; un puñado de actores; cero efectos visuales; grandes dosis imaginativas. “Coherence” es un éxito rotundo por su inteligente propuesta ante la limitada contribución no necesaria y una experiencia cinematográfica de carácter absorto.

Finlandia, 1923. Un cometa hizo que los habitantes de un pueblo perdieran el sentido de la orientación, quedando totalmente aturdidos como consecuencia del su paso en contacto con la atmósfera. Una muestra de tal desconcierto fue que una señora llamó a la policía para asegurarles que el hombre que había en su casa no era su marido.

Finlandia, 2023. Unos amigos cenan y charlan sobre los hechos que acontecieron en su pueblo. Durante el transcurso de la conversación, de nuevo un cometa hace su paso como ya ocurrió 100 años atrás.

El potente entresijo desatado en “Coherence” es el juego de mostrar una mínima parte de todo su absorbente argumento para ofrecer un ritual psicológico despojado de toda espectacularidad visual y tonificado con toda clase de giros y piruetas mentales que bien casan en el mundo lynchiano. Un guión que recuerda al más puro estilo Nacho Vigalondo y su paranoico agasajo tan preciado como  “Los Cronocrímenes” y “Open Windows”.

El problema que “Coherence” puede potenciar es que al igual que otros muchos especímenes psíquicos que tanto nos pueden irritar o perturbar, lo verdaderamente atractivo de su argumento y desarrollo es crear en el espectador una especie de catarsis mental que o bien te atrapa y la cabeza entra en funcionamiento o bien te exasperan sus enérgicos y raudos tejemanejes. En cualquier caso, “Coherence” no deja de ser otra prueba más de la capacidad tortuosa de llevar al espectador a una situación límite para que éste después saque un atisbo o conclusión lógica de todo un aparente entramado esquizofrénico.

ESTRENO: 24 DE OCTUBRE

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