Intolerancia | El relato incomprendido de Griffith.

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Por María Pérez

Casi cien años desde que de la mano de David Wark Griffith se estrenaba una de las películas más caras de la Historia que a su vez sería uno de los mayores fracasos del cine mudo. Hoy en día cuando vamos al típico cine, de esos que hay en los centros comerciales, podemos darnos cuenta de que la cartelera, en su mayoría, está plagada de cine que no pide gran cosa al espectador y que se centra en el entretenimiento por encima de lo que puede ser un mensaje más moralista, y es que en ese aspecto, se podría establecer un símil entre el público de hoy en día y el de hace cien años, por lo no es de extrañar que cuando en 1916 el americano burgués de turno se acomodó dispuesto a ver la ¨siguiente obra de arte del gran Griffith¨ se encontró con un largometraje de tres horas que no entendía.

Antes de nada, haré una breve exposición de información típica en una película, el título original fue Intolerance, de 1916, estadounidense, dura 176 minutos, dirigida, producida por Griffith y con un guión también suyo junto con Tod Browing, la fotografía de la mano de G.W. Bitzer y la música de Joseph Carl Brevil.

El reparto es muy extenso debido a que son cuatro historias completamente distintas, mencionaremos a Lilian Gish (mujer que sale meciendo la cuna), a Mae Marsh y Robert Harron en la historia de América en 1914, a Howard Gaye en la historia que se cuenta de Jesucristo en el año 27, a Margery Wilson y Eugene Pallette en el París de 1572 y a Alfred Paget en la historia de Babilonia en el 539 a.C.

La película trata distintas historias de intolerancia a lo largo del tiempo: la caída de Babilonia, la Pasión de Cristo, la masacre de San Bartolomé y una huelga de trabajadores coetánea a la película. Lejos de querer dar una clase de Historia, sabemos que las tres primeras tienen finales bastante fatídicos, mientras que en la última Griffith propone un final feliz al más típico estilo del cine de la época. El mensaje que nos quiere transmitir es claramente pacifista, una llamada a la humanidad para que se deje de tanta guerra y por lo tanto, en el contexto de la Primera Guerra Mundial que se desarrollaba en esos momentos, fue un auténtico fracaso en Europa (por ejemplo en Inglaterra la censuraron por el mensaje pacifista y en Francia el episodio de ¨La noche de San Bartolomé¨ fue totalmente prohibido).

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Pero el poco triunfo en Europa por su intención moral no fue lo único que hizo que esta película fuera un fracaso en taquilla. Aunque sí recibió buenas críticas en Estados Unidos, muchos no entendieron la forma en la que estaba montada. Durante las tres horas, las historias se van intercalando hasta llegar a su apogeo en intensidad todas a la vez al final de la película, cosa nunca vista en el cine, un cine que al fin y al cabo no era más que un arte recién descubierto, en pleno auge y en continuo desarrollo.

Costó dos millones de dólares, presupuesto que, teniendo en cuenta la época, resulta totalmente desorbitado. En ese entonces no habrían imaginado que hoy en día, si queremos tener una flota interminable de barquitos, cogemos un grupo y lo multiplicamos con el ordenador, igual que si queremos recrear un pueblo, no hay apenas límites, pero eso hace cien años no se podía hacer, si querías tener un ejército, tenías que contratar un ejército. Intolerancia contó con figurantes en abundancia (solo 15000 para el episodio babilónico), contó también con decorados apoteósicos (sobre todo en la historia babilónica y en la francesa) que siguen impresionando actualmente, en resumen, un espectáculo visual impactante.

Quizá la exquisita grandeza en el terreno audiovisual, nubló más el mensaje que Griffith quería transmitir, dejando al espectador tan asombrado con lo que veía que se olvidaba aún más de la trama, o quizá no, pero el hecho fue que resultó muy compleja de entender.

Independientemente de lo que esta película pudo ser en su momento, ahora, con un poco de espacio en el tiempo, hay que admitir que merece una mención ya que es una obra que llevó al límite los recursos de su época, además de que no podría haber sido de otro que no fuera el gran Griffith, que incluso ha sido apodado como ¨el padre del cine moderno¨, director también de otras películas como El nacimiento de una nación (que a propósito, fueron las críticas que recibió por ¨racista¨ es esa película las que le llevaron a rodar Intolerancia) o La matanza y que con la llegada del cine sonoro, vio su carrera terminar como la de muchos otros en esa industria.

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En su momento destacó por su manera revolucionaria de hacer películas y su influencia se vería poco después, en Rusia, donde se utilizó el cine como arma propagandística tras el triunfo de la revolución, ejemplo de ello cabe la mención de Serguei M. Eisenstein o de Pudovkin, directores que se consideran plenamente vanguardistas. Podríamos entonces coronar a Griffith como uno de los padres de las vanguardias en el cine, igual que uno de los primeros que hizo algo así como ¨cine independiente¨, aunque creo que tampoco sería del todo correcto, pero una cosa es indudable, fue una mente prodigiosa que supo ver el cine con otros ojos.

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